miércoles, 12 de noviembre de 2025

Práctica

 Incluso cuando no tengo nada que escribir, cuando siento que no tengo nada que decir o comunicar, me obligo a ello.

 Decía el maestro Sandor Márai que era un oficio que había que practicar a diario; él incluso se prestaba a dar ciertas reglas, como cuándo era el mejor momento para expresarse con la pluma, o el número de páginas que había que escribir, ( no menos de treinta al día).

 Cotas de nivel superior, inaccesibles para este aprendiz que ni tan siquiera busca emular a nadie que este dotado para estos menesteres. 

  Simplemente me limito a seguir con mis hábitos, que como bien se sabe hacen al monje y yo, ciertamente es así, soy feliz perteneciendo a la orden de los escribientes, que vierten sobre un papel, sus cuitas, reflexiones o anécdotas del día a día, aunque no le interesen a casi nadie. 

 La gracia está en escribir, que por si sóla ya muestra efectos beneficiosos increíbles; lo demás son efectos secundarios, siempre bienvenidos y no suficientemente agradecidos por el tiempo perdido en estas cosas, habiendo tanto y tan bueno por leer, por ahí repartido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Mesa y mantel

  Varias estampas recurrentes han poblado mi cabeza durante la noche; en todas ellas me encontraba sentado a la mesa, de un restaurante que ...