Que me perdone don Alonso Quijano, tan poco proclive al uso de las frases hechas, coletillas que no ayudan al discurrir, ni a perfilar el uso del vocabulario; ejerzo pues, de Sancho Panza en este caso, para tirar de refranero y con él dar a conocer mi parecer sobre la plaga que está esquilmando el pulmón verde que nos rodea.
Muchos son los recursos que deberían emplearse para evitar que los bosques se quemen, pero desgraciadamente para esto nunca hay presupuestos ni recursos.
Pero cuando uno ve la factura que supone curar, más de tres mil millones en alquiler de naves, manejo de equipos y pertrechos y otras partidas para extinguir el fuego, uno se pregunta si no sale más caro curar que anticiparse.
Pasan los años, pasan las calamidades y no aprendemos; sigo con ese pensamiento que muchos proclamaron cuando acaeció la pandemia, de que nuestra mentalidad cambiaría, que nos haría volvernos más previsores. El tiempo y los hechos están demostrando más bien lo contrario, un continuismo en la desidia y la incompetencia que deprime, frusta y encalabrita.