martes, 6 de octubre de 2026

Caramelos de vida

 Tengo picor en la garganta. Rebusco en el bolsillo de mi mochila, donde suelo guardar caramelos de todo tipo y aparece un Pictolín salvador para acudir en mi ayuda y alivio.

 Dejo que de un par de vueltas dentro de mi boca, antes de que los aromas mentolados inunden todo mi aliento. Mientras lo hago juego con el envoltorio del caramelo y me pregunto cuando fue la primera vez que me comí uno y eso que seguramente me costó, tan poco dado como fui de pequeño al sabor de la menta.

 Decido escudriñar por internet, en busca de respuestas y me topo de inmediato con información de la empresa que los elabora: la compañia madrileña Interván, propietaria de la marca desde hace más de un cuarto de siglo.

 Pero eso no esclarece mis dudas, pues yo recuerdo haberlos consumido de pequeñito, tiro un poco más del hilo gracias a la red y encuentro que la primera unidad que se creo fue nada menos que en mil novecientos setenta y dos.

 Resulta que somos coetáneos, que llevamos en el mundo existiendo el mismo tiempo, la friolera de cincuenta y cuatro años. 

  Son caramelos de vida, presente de modo intermitente en el pasado y recurrente en el presente, donde sus cualidades de aroma de eucalipto suavizan la garganta en días como este de transición entre estaciones, de un octubre que por fin se anima a otoñear.

 


 

 

 

Caramelos de vida

 Tengo picor en la garganta. Rebusco en el bolsillo de mi mochila, donde suelo guardar caramelos de todo tipo y aparece un Pictolín salvado...