Dolor, la vieja tendinitis que va y viene desde el confinamiento en plena pandemia ha veulto para hacerme una incómoda visita.
Esta vez lo ha hecho con ganas, el dolor es intenso, me deja practicamente todo el brazo izquierdo adormecido. Molesta mucho, especialmente por la noche, reduciendo a la mínima expresión las horas de de descanso en la cama.
Hoy he venido a trabajar con apenas tres horas de sueño. Llevo toda la mañana como un zombi. Miro el reloj y veo que el minutero apenas corre; quedan muchísimas horas antes de que llegue la hora de fichar y salir de la oficina.
Es un manguito, está a la altura del brazo, justo en el punto en que se une con el hombro; limita tanto mi capacidad de movimientos, que apenas si he podido vestirme, agacharme para atarme los cordones de los zapatos.
Parezco un tullido,estoy molesto, irascible, encima hoy mis compañeros de trabajo esán especialmente parlanchnes, con ganas de hablar y me dan dolor de cabeza aunque no sea su culpa. El cansancio más que el dolor, me tiene reducido a la mínima expresión.
Llegaré a casa y pasaré el resto del día tumbado, segurmente esa sea mi tesitura durante todo el fin de semana. El cuerpo no me pide otra cosa que no sea dormir; mis ojos cansados siguen con dificultad éstas mismas líneas que escribo.
Descanso y química, confiando en que las cremas y pastillas hagan su efecto cuanto antes. Todo por un manguito rotador que ocupa más espacio escribiéndolo que el que tiene realmente dentro de mi cuerpo.