La noticia es demoledora, un joven autista de veintitrés años ha sido detenido como sospechoso del ataque que acabó a cuchilladas con la vida de un niño de once años en los baños de la biblioteca de un centro cultural. Acongoja sólo el leerlo. Qué tragedia.
Sorprendido por la condición de autista del agresor, de quien uno imagina un comportamiento más pasivo, más dócil, más propio de los afectados por TEA, son muchas las incógnitas que plantea este suceso. A buen seguro serán de interés las indagaciones que lleven a determinar que ocurrió para desatar un comportamiento así en alguien de con ese transtorno, con tantos años de diferencia con su víctima, un niño.
Y es que las apariencias nunca deben darse por definitivas; las cosas no siempre son lo que parecen. Conviene no ceñirse a un guión específico y más con cuestiones como ésta, relacionadas con la mente, relativas a personas que no están enfermas y sólo tienen una forma diferente de evolución y funcionamiento cerebral.