La playa de El Bocal, en el barrio de Monte en Santander es una zona de costa transitada y conocida por sus vistas y la hermosura de un Mar Cantábrico que hipnotiza con tan sólo mirar sus aguas.
El martes pasado mientras un grupo de personas cruzaba por ella, se vino abajo una pasarela de madera habilitada para facilitar el paso entre dos acantilados. Fruto de la caida al mar, seis personas fallecieron.
Comentando el suceso con una amiga, me preguntaba si me parecía justa la vida, a lo que contesté com un sincero y rotundo, NO.
Seis muertos, con edades comprendidas entre los 19 y 22 años. No quiero ni pensar en el dolor de sus familias.
Apenas han trancurrido siete días y ya están los políticos echando balones fuera, incapaces siquiera de asumir responsabilidades. Ni Ayuntamiento ni el Ministerio de Medio Ambiente asumen responsabilidades.
Dolor y asco, mucho asco, no puede generar otra suerte de reacción la actitud y respuesta de unos funcionarios públicos que están para todo menor para servir, aquello para lo que existe la función pública. Bastaría con que tuvieramos la suerte de que accediesen a esos puestos personas que tuvieran eso claro. No haría falta nada más para eliminar tanta indignidad.