Zapatero a tus zapatos. Qué bien irían las cosas si cada cual se ocupara de aquello para lo que le pagan.
En cambio estamos habituados a la práctica del intrusismo, que se ejerce a todos los niveles, en todos los ámbitos, por grandes y pequeños.
Da igual el oficio, siempre habrá alguien que se ocupe de cosas para las que no está habilitado.
A eso lo llamaban antes meter las narices donde no te importa; por lo que se ve, cada vez importa más.
Dislates que lejos de ser observados y abochornados, se jalean y pronto establecen listas de acólitos.
Intrusos e ignorantes galopantes. Poco nos pasa ante tanta inobservancia.