Poner topes para que no entren. Poner puertas al campo o al mar. Misión harto improbable de cumplir.
Prevenir antes que curar. Sin desigualdades no habría necesidades de aventuras tan caras y peligrosas. En qué grado de desbordamiento debe estar una persona cuando se sube a un cayuco, para conseguir un sitio en un bote atestado y ruinoso, por un precio mayor de lo que le costaría un billete de avión a cualquier país.
Evitar las aduanas conlleva un estipendio abusivo. No paramos de encontrar nuevos medios de explotación y esclavismo, de envío de carnaza sin valor, aunque valgan tanto como cualquiera de todos nosotros; lo viejo se expone de nuevas formas. Las miserias también evolucionan y lo hacen de manera rápida y eficaz.
Subir el nivel de vida y de oportunidades de los paises exportadores es la única solución real al tráfico de seres humanos. Pero con reglas de igualdad, de tú a tú, tratando con respeto al oponente, quid pro quo, no colonizándolo economicamente, como vienen haciendo desde siempre los países europeos y ahora China, que invierte en el continente negro como quien lo hace en una empresa, esperando sólo réditos, no mejoras sociales. Quizá algunos tendrían que renunciar a perder parte del botín, ahí siempre está el problema. No hay pecado más capital que la avaricia.