La frase doctores tiene la Iglesia refleja una costumbre, la de pedir a las autoridades competentes que se manifestasen, cuando existían dudas, que en el plano espiritual se refieren a la doctrina, la moral o la propia fe.
¿ Y las instituciones laicas, no tienen doctores?, ¿ Dónde están las mentes preclaras para ayudarnos a resolver dudas, clarificar cuestiones, transmitir seguridad y confianza?
Vuelven a aturullarse en mi cabeza viejos debates de universidad, sobre dónde ubicar la sabiduría y el poder; sobre qué sistema sería el mejor para garantizarnos la convicción de que los mejores llevan las riendas, de que las decisiones que se toman son las adecuadas, las que necesitamos.
Un consejo de éforos que supervisase qué hacen los que detentan el poder y si cumplen con las leyes o no. Es inevitable no volver la vista atrás, aunque sea para acordarse de los tiempos de la lejana Esparta. Es curioso cómo se echa la vista atrás cuando las cosas vienen mal dadas, en busca de respuestas que no se encuentran.
Doctores, sabios, gente ponderada y prudente, amantes de la res publica y de sus bondades, respetuosos con el contrato social y sus consecuencias. ¿ Dónde están?
Las palabras de Russell cada vez tienen mayor predicamento: El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas.
Seguro que todos tenemos identificado el lugar en el que se encuentran los estúpidos y qué responsablidades tienen y si lo tenemos tan claro, ¿ Qué hacemos para cambiarlo?