jueves, 25 de junio de 2026

Poca broma

  Hablar del tiempo cuando no sabes que decir es un clásico, hacerlo de la comida, también.

  Sin embargo el grado de sofisticación que se tiene ahora al hablar de aquello de lo que se ingiere tiene un grado de elaboración, de sofisticación del que antes carecía.

  Eso le da una pátina que va mucho más allá de la meramente trivial asociada a un comodín conversacional. Es una preocupación real, que transciende lo normal.

  Hoy se habla de etiquetas, de la necesidad de leerlas, de ingredientes, de la pertinencia de unos frente a otros; de las calorías, de la importancia de no excederse en las que se consumen; del reparto de nutrientes, entre proteinas y carbohidratos; la última incorporación viene referida a las intolerancias, al gluten, a la lactosa...

 Comer ha dejado de ser una cuestión sencilla para convertirse en una tarea cada vez más sesuda y meticulosa, aunque no cambie lo esencial, aquello de lo que hay que estar pendiente, de alimentar y de hacerlo de forma saludable. La información es poder y el ansia de conocer más ha convertido a la dieta en un rompecabezas al que cada vez se le dedica más tiempo y mas esfuerzos. 

 Como siempre, preocupa la deriva que algunas cuestiones producen, como las del exceso de celo o la obsesión por seguir la vía autodidacta, especialmente la que se mezcla con el narcisismo de las redes e invita a muchos a crear contenidos de dudoso rigor. Como dice  un conocido anuncio de yogures, con la salud... Poca broma. 

 

Poca broma

   Hablar del tiempo cuando no sabes que decir es un clásico, hacerlo de la comida, también.    Sin embargo el grado de sofisticación que se...