Fue un invento de viñeta, de un genio, Mingote, capaz de burlar a la censura franquista con sus sátiras dibujadas; ese al que Madrid ha homenajeado con murales en la fachada de un edificio sito en la calle del Duque de Osuna, en la zona de Ventura Rodriguez.
Del dibujo en papel saltó el personaje al celuloide, por obra y gracia del productor Jose Luis Dibildos, más famoso por estar casado con una presentadora de televisión que por su obra creativa. Si en el papel el candidato era a procurador, en el cine lo es a senador en la I Legislatura de la democracia, allá por el mes de junio de 1977.
La trama comienza tres meses antes de la celebración de los comicios, cuando se reúnen en Madrid la dirección de Concordia Democrática del Estado Español, un nuevo partido político, para confeccionar las listas con que se presentarán a ellas.
Como candidato para el Senado por Málaga, eligen a Gundisalvo García, un adinerado inversor inmobiliario de quien valoran mucho su inexistente pasado político. En una reunión con el empresario, en la que este acepta la candidatura por la nueva formación, le explican que como no tenían un programa aún, este lo irían ideando sobre la marcha según los dicámenes del comité ideológico que según se le fueran ocurriendo cosas a proponer se las irían enviando en fascículos coleccionables. Como requisitos Gundisalvo, tendrá que aprenderse discursos de Emilio Castelar, Presidente de la I República, aceptar que su jefe de campaña viva con el en su casa y lanzar proclamas del tipo de esta:
- Estoy dispuesto a salvar a todos los españoles, incluso a los que no quieran o no se dejen...
Cincuenta años contemplan la película dirigida por Pedro Lazaga y protagonizada por el oscarizado Antonio Ferrandis. Normalmente ahora lo lógico es que viniera una sugerencia para verla, pero es que creo que no mejora el argumento de la película que tenemos montada aqui y ahora, con una trama que cada día tiene elementos nuevos. No hay ficción que la supere.