Un coche es detenido por la policía a causa de su trayectoria y marcha irregulares; tras inmovilizar el vehículo comprueban que en su interior van dos personas; tras practicar los agentes las diligencias pertinentes ante un caso de presunta conducción bajo efectos de alguna sustancia, se incautan de varios blísteres de sildenafil (principio activo de la viagra) y frascos de popper, una droga ilegal vinculada a prácticas sexuales entre hombres, un potente vasodilatador que causa euforia inmediata, aumento del ritmo cardíaco y relajación muscular.
Lo que estaba dispuesto para que dos adultos hicieran uso de su intimidad a su gusto y conveniencia, se fue al traste por la imprudencia de conducir sin estar en condiciones de hacerlo.
Si hay que censurar, criticar o denunciar algo, debería ser eso.
Sin embargo de lo que se habla es de la condición de uno de los sujetos que iban dentro del coche. Un sacerdote.
Por increíble que parezca esto sigue siendo noticia, ¿Dónde está la evolución?
Hay como ciertas inercias que se mantienen, todas vinculadas al ámbito de lo íntimo, de lo privado, que siguen levantando suspicacias, que dan morbo y que, además, alimentan los deseos de censura y reprobación, siempre presentes entre una parte de nosotros. La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, de la que hablaba Machado, aflora con cosas como ésta y , por lo que se ve, no termina de marcharse nunca.