Después de la parálisis llegó la locura, y tras esta, la celebración. Es momento ahora de la resaca dulce.
El fútbol es el opio del pueblo, hace mucho que sustituyó a la religión; sé que Karl estaría de acuerdo con esta afirmación.
Lo malo es que este psicotrópico tiene duración muy limitada; en apenas unas horas acabará su efecto y volveremos a darnos de bruces con la cruda realidad, esa que ni si quiera los calores de este verano, de fuegos inextingibles y olas de calor cíclicas consigue adormecer.
Volveremos a ser conscientes de las portadas en los medios y de la gresca política y judicial, del precio de los combustibles y de su efecto de arrastre en todo lo demás; la realidad como un bofetón, nos espabilará con contundencia.
Fue bonito mientras duró. A despertar y espabilar.