Se exhumaron sus restos por primera vez en el año 1985, como parte de un proceso de estudio que culminaría años más tarde con la identificación de los restos de los tres primeros monarcas de la Dinastía Jimena, de procedencia navarra: Ramiro I, Sancho Ramiro y Pedro I. Además de identificar el linaje aragonés, también se buscaba conocer información sobre aspectos mundanos, como la dieta, sus condiciones físicas, enfermedades sufridas o certificar su procedencia pirenaica.
Panteón Real con ubicación singular, con claustro y dependencias construidas bajo un enorme pedrusco que da nombre al lugar en el siglo XI; menos relevante su condición de tumba de monarcas que la de emplazamiento de refugio de un caliz al que muchos consideran el Santo Grial, depositado allí durante muchos años para protegerlo de la invasión musumana, antes de que se trasladase a la Catedral de Valencia.
Hoy esos restos vuelven a abandonar las dependencias del Monasterio, por una razón tan venial como triste: el incendio forestal declarado en las Peñas de los Riglos, cuyas llamas avanzan en dirección al cenobio.
Verano de muertes que obliga también a trasladar a los que ya están muertos. Semanas de pesadilla continua, de destrucción y dolor, de resignación ante un mal que arrasa todo a su paso, sin que nada ni nadie ponga remedio o soluciones.