Ya ha llegado el gran día del eclipse y a vueltas con el sol hoy tengo espacio aquí para el recuerdo.
Tenía una compañera de trabajo finlandesa que como la inmensa mayoría de mis compañeros extranjeros vino a España por amor.
Cuando llegaba el verano se ponía enferma. Incapaz de soportar las altas temperaturas del mes de julio en Madrid, contaba los días para coger vacaciones y emigrar, ya fuera a su ciudad de origen o en la casa de sus suegros en algún lugar de Cantabria que he olvidado. Con el estío su mente sólo tenía una cosa como objetivo: huir hacia el norte y con ello del calor.
Al salir de la oficina por la tarde, para evitar que le diera el sol de pleno, abría su sombrilla de color blanco, con flecos que me recordaba a los pequeños manteles de crochet que mi abuela colocaba sobre los respaldos de los sofás, de adorno. Con esa guisa se iba caminando hacia al metro.
- Miralá, por allá va Mary Poppins, decíamos los compañeros en tono jocoso y divertido.
Hoy ese imprescindible accesorio del personaje creado por Pamela Lyndon Travers, es cada vez más corriente, son muchas las personas que se aventuran a salir a la calle cuando el sol más castiga llevándolo consigo para protegerse. La necesidad obliga.
Si algún día vuelvo a cruzarme con mi antigua compañera, le diría que fue una pionera, ya que lo usaba cuando nadie lo hacía.