Es el embrujo de lo prohibido, de lo censurado, de aquello que no está permitido por el régimen, por considerarlo peligroso.
Copias escritas a máquina, copiadas en papel carbón, pasadas de mano en mano, con la esperanza de que lleguen a buen puerto, salgan de la atmósfera opresiva y carcelaria y vean la luz, fuera.
Así llega una copia a un foráneo a un corresponsal político, uno de los pocos que puede acceder al país; así lo consigue la intermediaria, la encargada de portar la valiosa carga. Quien mejor que la musa que además es la amante. Nada más poético, ni literario.
El borrador y sus cuantiosas hojas acaban en un doble fondo de una maleta, pasa los controles y filtros burocráticos, sube a un avión que despega y aterriza, llegan a buen puerto, a tierra libre.
Comienza la tercera fase del proceso, la más deseada pero no por ello compleja; el periodista contacta con un editor, no uno cualquier escogido al azar, sino alguien que sepa apreciar el valor de la carga; Así sucede y no duda en coger un avión de inmediato para recibir el manuscrito en persona y trasladarlo a su lugar de origen.
Hasta aquí el periodo de clandestinidad, la acción se descubre, se da a conocer al público; surgen entonces las presiones, de quienes no han sido capaces de abortar la salida del bulto de sus fronteras, de sus adláteres en el lugar, que tampoco quieren que el texto salga a la luz. Aún así lo hace. La primera edición llega a la imprenta y a las librerías. Misión cumplida.
Así funcionaba el Samizdat, (autoedicion),que fue la producción y distribución clandestina de literatura censurada en la Union Soviética y en la Europa del Este.
En el caso aquí señalado, la portadora del documento fue Olga Ivinskaya, musa y amante del escritor. Quien portó el manuscrito desde Moscú a Berlin, Sergio D´Angelo, periodista y corresponsal italiano y quien viajó raudo desde Milán para obtenerlo, sin hacer caso a las presiones de las autoridades soviéticas y al Partido Comunista Italiano, fue Giacomo Feltrinelli que publicó la obra en 1957.
Así vio la luz Doctor Zivago, de Boris Pasternak. Fascinante.
Otro mundo, otros tiempos, otra batalla geopolítica que tenía ramificaciones en todos los ámbitos, pero la misma censura,la que había antes y aún hay ahora. La verdad siempre tiene enemigos, y la información cuando no es controlada, es peligrosa para algunos. Eso no cambiará nunca.