Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




jueves, 29 de octubre de 2020

Fanatismo

 Lo han vuelto hacer. Otro templo cristiano en la no resuelta multicultural Francia ha sufrido el azote del odio y la intransigencia. Un individuo con arma blanca ha agredido con suerte dispar, a un número indeterminado de personas que se encontraban en ese momento en el interior de la Basílica de Notre Dame, ubicada en el centro de la castigada por el terrorismo Niza.

 Con apenas unos días pasados desde que se oficiaran los funerales por el profesor Samuel Paty, tristemente condenado y decapitado por enseñar las famosas caricaturas de Mahoma que condenaron a Charlie Hebdo, al horror y a la muerte, en una clase de una asignatura denominada instrucción cívica. Qué paradoja.

 El rechazo de la sociedad francesa, frontal contra este tipo de acciones ejecutadas por personas enfermas de odio, incapaces de entender que una opinión por lesiva que pueda sentirse, no es óbice para asesinar a nadie, es extensible a todo el viejo continente. Un rechanzo que es una condena contra personas que pese a vivir en una de las democracias más antiguas del mundo, son incapaces de respetar las ideas ajenas, y lo que es peor, incapaces de entender que en un Estado laico, las obligaciones religiosas no exceden el ámbito del culto, vivido de manera individual o en el seno de sus respectivas comunidades. 

  Hoy toca ser francés, y posicionarse en contra de los que intentan imponer unas ideas medievales de convertir en ley civil los preceptos de una confesión religiosa. Y toca además decirles que no podrán hacer corrosiva su visión teocéntrica de acendrado fanatismo, donde el culto ha de marcarlo todo.  Seguiremos firmes en nuestro compromiso con la racionalidad y la modernidad, esa que hace tiempo separó a la iglesia del estado, aunque algunos no quieran entenderlo.

 

miércoles, 28 de octubre de 2020

Fantasmas públicos

 Así es como los considero. Son públicos porque ocupan puestos que forman parte, nada menos, que del Consejo de Ministros, y por ende, reciben retribuciones acorde con la función que tienen asignada. Pero son fantasmas, que nadie sabe si están, nadie sabe lo que hacen, y tienen cero protagonismo en la tarea cotidiana del gobierno.

  Y es que este es un organismo colegiado que bien podría ahorrarse unas cuantas poltronas, si no fuera porque los titulares no visibles del mismo tienen asignadas tareas como aprobar las partidas presupuestarias que van a parar a los salarios de los funcionarios de sus ministerios, por poner un ejemplo. Son ministros con funciones de segundo nivel, más propias de cargos de inferior calado. Igual este gobierno despachaba sus funciones con un puñado de ministros y unas cuantas direcciones generales. Algo de ahorro en la factura de emolumentos saldría seguro. En otros países a este tipo de funciones con bajo perfil político se les denomina ministros sin cartera. Por algo es.

 Incluyo en esta honorable lista al Ministro de Universidades, al de Ciencia, a la Ministra de Defensa y a la de Igualdad, por mucho speech con el que salga, de cuando en cuando. Ni la más ínfima cuota de protagonismo se ha asignado a cualquiera de esas carteras, con más ínfulas de nombre que de actividades reales.

 La primera experiencia de gobierno de coalición con carteras dividas por cuotas de poder está dando unos resultados muy pobres. La practicidad y eficiencia brillan por su ausencia y con ello la credibilidad de unos cargos y de unos usos que ponen en jaque la ya de por sí depauperada opinión que se tiene de las instituciones.Todavía más.

martes, 27 de octubre de 2020

El traje

  Es una cuestión de imagen.

 La primera vez que recuerdo a un político preocupado por dar una imagen poco sofisticada fue Felipe González. Eran los tiempos del PSOE vencedor, aquel que en apenas un puñado de años había pasado de la clandestinidad a La Moncloa con mayoría absoluta; y aunque no tenían complejos por ponerse traje y corbata, eran muy dados a los mitines descamisados, aquellos en los que los líderes del partido cantaban La Internacional con el puño en alto, vestidos con vaqueros, camisa y cazadora de cuero. Como si de esa manera se manifestase mayor proximidad con el votante más humilde.

 Todo eso me ha venido a la cabeza hoy al observar la comparecencia que Presidente y Vicepresidente del gobierno han hecho para presentar los presupuestos generales para el año próximo. Ritual al que cabía esperar normalmente al titular de la cartera de Economía, y que en esta ocasión, por aquello de que son uns presupuestos especiales, ha recaído en los dos cabezas de serie de este gobierno paralelo y bicéfalo. 

 Sobre el contenido de la comparecencia, tenemos cuerda para muchos días, y otra cosa no habrá en este país, pero analistas y opinadores... crecen y abundan como los champiñones. Así que resulta más interesante opinar sobre la vestimenta del Vicepresidente segundo.

 Que era un traje prestado, parece obvio. Ni la sisa, ni la espalda, ni el cuello... la tradicional tendencia de Iglesias a disertar con su chepa en ristre, inclinándose más hacia delante a  medida que se embalaba en su speech, se acentuaba con el contraste de la camisa clara y el traje azul oscuro. Y con su coleta en ristre, parecía un samurai encorsetado. 

 Hablaba y más hablaba, sobre los que pasan por ser los presupuestos más especiales, aquellos que, por fin, van a sustituir a los eternamente prorrogados últimos de la era Rajoy.  Como es normal ha sacado pecho, aunque una de sus medidas estrella, la de regularizar los precios de los alquileres, se haya procrastinado, de momento hasta comienzos del año que viene. 

 Cuentas sociales que buscarán marcar el futuro. Pero si de algo se hablará, será sobre el traje de Iglesias. Que la ocasión mereciera chaqueta y corbata, ya dará que decir, y desde luego de la percha...correrán ríos de tinta. Y es que la elegancia y el saber vestir siguen siendo una cuestión de clase.

lunes, 26 de octubre de 2020

Sol y sombras

 Hoy salió el sol

qué caro se cotiza

de un tiempo a esta parte.

Tiempo de lluvias y claros

Borroso nítido que deja ver,

pero no perfila del todo.

Suma y sigue

 Otoño con todas las consecuencias

al menos hasta el día ocho.

 Pero es un espejismo

 ochos semanas dicen unos

una baja de maternidad completa,

dicen otros.

 Y mientras,

apegados al centro de salud

vivimos el día a día

pensando más en las sombras,

que en las luces que tanta

falta nos hacen.

 

 

viernes, 23 de octubre de 2020

Confinamiento en la tercera fase

  Primero fue el confinamiento duro, el de los meses de marzo y abril. Casi ocho semanas de apenas salir de casa.  

 Después fue confinamiento perimetral de ciudad, la jaula se ampliaba y se limitaba a los límites del término municipal. Bendito encierro en una cuidad con tantas cosas para hacer como ésta.

 Pasamos a la tercera fase, ahora me confinan en mi zona y barrio, apenas un puñado de calles que circundan el centro de salud que tengo asignado por razones de vecindad. Serán catorce días de aislamiento moderado.

 Fases y más fases. Pasamos de etapa pero no de estado en la pandemia a la que ni el frío ni el calor atenuan. Para animarnos, no se cansan de decirnos que estamos más cerca del final, y del retorno a la normalidad de siempre. Palabras que por ahora son humo y si las lleva el viento.

 A seguir arrimando el hombro, teniéndolo además fácil para hacerlo. Nadie depende de mi, ni comparto mi espacio vital. Lo de no contaminar ni que me contaminen lo tengo pues, más asequible.

 Libros, Netflix y paseos vespertinos. Plan de acción a compaginar con las horas de teletrabajo. Y que continuen pasando las semanas. Resistir y seguir.

 

jueves, 22 de octubre de 2020

Cosas nunca vistas

  Congreso anodino. Trámite de dos días para debatir una moción insulsa en la que parecen no creer ni los que la han convocado. Ni la puesta en escena femenina de los socios morados de gobierno le pone sal o pimienta a unos parlamentos que van por donde todos esperan que vayan. Y de repente, el interpelado, aquel por la que se ha convocado, al fin entran al trapo.

 Esta jugada iba por Casado, que para sorpresa de muchos, ha jugado bien sus cartas. Ocultando el sentido del voto de su partido a la moción, sólo desvelado al final, con una puesta en escena clara y contundente. Ni un solo voto de su bancada se ha ido a la abstención. Hasta las voces discordantes de sus filas han remado en la misma dirección; se mire por donde se mire, golpe de autoridad. Ni Abascal se lo esperaba, al que se veía afectado y que se lo ha tomado como algo personal más que político. Y de repente el bisoño y timorato líder del partido de la gaviota, se ha soltado la melena. Se abre un escenario nuevo, con duelo de gallos en un corral donde solo les conviene que mande uno. La ley D´Hondt no da margen para otra cosa.

 Seguimos viendo cosas nunca vistas, como la de plantear una moción de censura, no al jefe de gobierno, sino al principal líder de la oposición. Y es que esta es una liga que se juega desde hace tiempo en el campo de la derecha, cuya división tridimensional, deja cancha a la izquierda que gobierna sin sobresaltos porque no tiene contrarréplicas.  

 Ahora que se aproxima el día de cambiar de hora, para comenzar el horario de invierno, el PP parece cambiar la suya y su actitud. Es hora de dejar de mirar por el retrovisor por miedo, y de mirar hacia delante para proponer y liderar alternativas ajenas a populismos fáciles. Como bien decía Maquiavelo sin lucha de opuestos, no hay política. El páis lo necesita.



miércoles, 21 de octubre de 2020

1940

 Es el título de una novela del desaparecido Francisco Umbral, novelista fino y sensible y columnista intenso, de pluma afilada, de ese tipo de escritores que no dejan indiferente, ya sea por que despierten admiración o rechazo.

1940 es una novela ambientada en Madrid, en los años más duros y rigurosos de la posguerra, con un país destrozado, aislado, falto de recursos para lo más básico, país en donde campaban a sus anchas cuantos hicieron fortuna por estar adscritos al bando de los vencedores.

 Aquella España, demolida física y moralmente, comenzaba una década muy difícil, imbuída en los sórdidos años de las cartillas de racionamiento y el estraperlo. Fue un año, y los que le sucedieron, donde la consigna sólo respondía a una cosa: sobrevivir.

 De eso hace justo ochenta años, que son los que cuenta el señor Abascal, para establacer un cómputo de base con el que calibrar los merecimientos de la actual administración y gobierno. El peor en ocho décadas. Tan malo le parece, que incluso aquel gobierno que en régimen de provisionalidad, en el alambre y con sólo una cosa en perspectiva, la de intentar reconstruir a toda velocidad, y conseguir que la gente no se muriera de hambre, es digno de tener una mejor cualificación que la actual.

 Cuánta necedad. Aunque no hay peor miseria que la de la ignorancia. Y cuando se campa en terreno así abonado, es fácil apuntarse a diatribas demagogas y populistas, consignas grandilocuentes, que luego cacarearan algunos en las calles, convencidos de la certeza de las soflamas.

 ¿ Es el peor gobierno, o somos la peor sociedad en ochenta años? Aquella al menos tenía la obligación de subsistir, en medio de un régimen de opresión, con los muertos aún calientes, con la única buena perspectiva de ver cómo ya no caían más bombas. Pero nosotros, ¿Cómo es posible que permitamos comportamientos políticos así y encima caigamos en las redes de calienta orejas de este calibre?

Pasarán los años, las décadas, y como dicen los mayores, cambiarán los tiempos pero la docilidad que nos hace tan vulnerables se mantiene intacta, generación tras generación. Más que de Estado fallido, bien convendría hablar de sociedad civil fallida, colectivo acomodaticio, cortoplacista, carente de valores, incapaz de conocer su pasado, feliz en su inmensa ignorancia. Mariano José, no te revuelvas en tu tumba.