Se ha ido Hector Alterio. Con 96 años, una vida aprovechada, longeva, con tiempo para hacer muchas cosas, esas que algunos querían quebrar en 1975, cuando amenazado por los pistoleros de la Triple A, decidió alargar su estancia en España para quedarse para siempre. Aquí trabajó y crió a sus hijos, también actores muy conocidos, pasando a formar una familia española más, forzada por las circunstacias políticas de una Argentina siempre azotada por los vaivenes idelógicos.
Emocionante la pequeña comparecencia ante los medios en las puertas del mismo tanatorio de Malena y Héctor , sus hijos, serenos y agradecidos por tantas muestras de cariño recibidos desde todos los sitios para homenajear la figura de un hombre que se fue trabajando, como hacen los grandes, encima de las tablas de un escenario.
Inevitable volver a recordarlo, volver a contar la única vez que lo tuve delante de mi, que hablé con él.
Aquella mañana de domingo, yo andaba trajinando detrás de la barra, cerca de la zona de cocina, junto a la plancha, cuando apareció él, acompañado por su mujer, Ángela. Pidieron unos vinos dulces, la bebida estrella de la taberna y una ración de gambas a la plancha, como si conocieran lo que había pedido Andy Warhol, cuando visitó este mismo establecimiento unos años antes y que tantos beneficios ha dado al bar del centro de Madrid en forma de publicidad gratuita.
Diligente les atendí, apenas había gente en la barra en ese momento; alejado, miraba por el rabillo del ojo, con curiosidad de quien poco se ha prestado a ejercer de mitómano, pero que siempre admiró el trabajo de ese actor bonaerense, de acento inconfundible y rictus impecable detrás de una barba blanca bien cortada; sonreía y miraba con complicidad a ella, seguramente comentando alguna anécdota o cosa graciosa. No estuvieron mucho, tal vez media hora; pagó la consumición con un billete grande y me dejó una propina de algunas monedas, generosa. Salieron con paso calmo y continuaron calle arriba, en dirección a la Plaza de Santa Ana.
De su extensa carrera en el teatro y en la gran pantalla, de su filmografía, desarrollada a ambos lados del océano, me quedaré siempre con su trabajo en el El nido, dirigida por Jaime de Armiñán, en la que interpreta a un hombre maduro que se enamora de la hija de un guardia civil, papel defendido con brillantez por una jovencísima Ana Torrent.
Que la tierra te sea leve, Héctor y gracias.
https://www.youtube.com/watch?v=NpuwC8N_vBM