sábado, 24 de enero de 2026

Viento

 Estoy a resguardo bajo mi manta a cuadros, sentado en el sofá con mis libros a mano, entregado a la lectura mientras tomo a sorbos un café de cápsula.

 Doy la espalda al balcón, no veo lo que acontece allá afuera, sólo que la temperatura es muy baja, apenas dos grados a esta hora, tal y como me dice mi smartphone. Oigo como el viento ulula a intervalos, ese mismo que me ha acompañado toda la noche, que ha propiciado que me desvelase, que me ha paralizado, hasta el punto de no acudir a entrenar, tal y como tenía previsto.

  Es sólo aire, pero me paraliza. Desde muy chiquitito. Cuando corre aire, me obligo a ponerme a resguardo en el acto, no importa si ese aire es frío o caliente, es aire, es molesto me ahoga, me arrastra, no me gusta.

 Qué paradojas. Lo que necesito para respirar, lo denosto si me da en la cara con fuerza. Qué relación de amor odio más intensa.

  Tal vez por eso el destino ha traído mi residencia hasta una zona del lugar donde vivo que se llama los altos del airón, que deben a ese nombre mucho, porque no ha sido puesto por capricho. Valdemoro oeste está siempre muy bien oreado.

 Sigo leyendo, sigo escribiendo, sigo escuchando las persianas cimbrearse  movidas por el viento racheado que golpea fachada y cristales de ventanas y se cuela por los intersticios. Lo detesto. Quiero mi silencio de sábado por la mañana.

 Que el pronóstico nos sea propicio y cambien las tornas, que cambien el tiempo, al menos en lo relativo al viento.  

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Helen Levitt

 Es el magnetismo de las fotos viejas, especialmente las que están en blanco y negro. Pocas cosas atraen tanto con tan poco.   Recuerdo tard...