En remojo como las lentejas, así va el día. La pantalla de cristal evita el agua pero no el frío. La manta ayuda a pasar el trago, al tiempo que amilana y amodorra después de terminar de comer.
La tele de fondo, mientras mira la pantalla y soluciona un par de asuntos. Llamada al 060 para pedir los talonarios. Ya está amortizada la jornada, el que da comienzo a la semana que liquida el mes. La cuesta apura su tiempo.
Queda lo de mirar billetes para el fin de semana para celebrar el cumpleaños paterno; se vislumbra peliguado el trámite, fruto de los efectos colaterales del terrible percance de hace 7 días. No hay trenes que viajen hacia el sur, sine die.
Trenes que no dan servicio o que la dan deficientemente, como el de esta mañana, que no llegó a su hora y cuando lo hizo, fue con tanto retraso que motivó el comienzo de la semana en remoto, cuando el plan era otro. Madrugón para nada.
Ni que fuese lunes.
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