Las comparaciones son siempre odiosas, son de hecho terribles, si aquello que se compara cuenta con muertos de por medio.
Muertos, muchísimos.Vivimos a diario con ellos y los digerimos como si tal cosa.
Son absolutamentes desconcertantes las notocias que llegan desde Irán, donde su arcaico y tiránico régimen vive desde hace semanas en la cuerda floja. La gente se ha echado a las calles a protestar y como todo régimen autoritario, la respuesta de la autoridades ha sido de represión brutal, con órdenes explícitas de disparar a matar, contra su propio pueblo. Atroz.
Este crimen inexplicable, no está llenando las calles de protestas en el mundo civilizado y nadie sabe muy bien por qué; algunos creen que esa indolencia viene por razones de interés; desde hace años la política exterior de los ayatolás ha implicado entre otras cosas, alimentar a importantes partidos políticos de izquierdas en occidente, base sobre la cual movilizar a diferentes corrientes de opinión, a grupos de agitación social que sólo pisan las calles cuando reciben la orden pertinente. Dicho de otro modo, con la financiaciación de las actividades de estas organizaciones, Irán se asegura la sordina posterior para cuando las cosas vengan mal dadas, como sucede ahora. Nadie va a tirar piedras sobre su propio tejado, ni va a cercenar la mano que le da de comer.
Sin embargo, ¿Esa explicación vale para el resto? ¿Por qué los demás que si que nos sentimos impelidos a salir a la calle para protestar, como hicimos con otras situaciones de abuso, exceso y crimen consumado, como lo acontecido en Palestina antes, (y aún ahora), callamos y no hacemos ver nuestra frontal oposición a la represión de aquel país y a sus consecuencuas, letales? ¿Hay miedo a posicionarse abiertamente, a enfrentarse a musulmanes radicales, por las posibles consecuencias que podrian derivarse a posteriori? El miedo siempre justifica la cobardía.Paraliza, atenaza, anula la acción.
Faltaría hablar del marketing, ese que no suele referirse así tan explicitamente en cuestiones políticas, pero que existe, por intereses de parte como es normal, como ocurre en el ámbito económico; es un producto más que se vende y se compra, que se interioriza y se utiliza, que está, además, muy vinculado a la imagen percibida y a las posibles incoherencias. ¿Tiene caso salir a protestar con un fular palestino contra la brutalidad de los hebreos y hacer lo propio contra los radicales chiies?
No deberíamos caer en el error de posicionarnos en las trincheras que nos ofrecen, ni ser esclavos de sus mecanismos, clichés y argumentos de pertenencia. Si uno ve algo injusto, hay que salir a denunciarlo, venga de donde venga, más si hay vidas humanas de por medio. El dolor no se puede racionalizar, mercantilizar ni teorizar, no se puede asumir así, de esta manera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario