Sin tiempo para ir con el pie cambiado.
Proyectos, iniciativas, ilusiones, anhelos que se cumplirán, o no.
La maquinaria continua su avance. Siempre hay tiempo para amilanarse, pero no para quedarse quieto.
La natividad es ya historia, el foco se aleja del jolgorio y de los excesos. Vienen los días más cabales.
Tiempo de sentarse y estructurar, de encarrilar rutas, de perfilar qué puestas de sol se quieren ver en el horizonte.
La hermandad del 7 de enero ya tiene aquí su día. Uno de los más bonitos del año, si no el que más.
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