sábado, 17 de enero de 2026

Treinta años

 Mi experiencia vital viviendo fuera de mi país se reduce a mi año de residente Erasmus en Milán. Apenas fueron tan sólo 9 meses, pero cambiaron mi vida para siempre.

 Aquel año me europeicé de una manera brutal, llegó a mi vida la auto-imposición del reciclaje de basuras, de incluir el deporte en mi vida diaria, mi mente se abrió a otras gastronomías, a otras culturas con la oportunidad de poder leer en otros idiomas.

 Sobre la alfombra italiana que pisaban mis pies, me empapé también de cultura francesa, portuguesa y alemana. Un abanico inmenso.  

 Un grado de respeto, tolerancia y comprensión hacia el otro quedó en mi como una pátina indeleble, alojado a perpetuidad en mi conciencia.

 Es difícil explicar quien soy, sin considerar lo que viví en esos pocos meses fuera.  

 Ya ha llovido. Hablamos de una persperctiva vital que da una vivencia que dista treinta años. Media vida.

 No estamos en tesitura de hacer balances, aunque queda mucho recorrido por hacer, quien sabe si aquí o en otras latitudes, pero como hito personal es sin duda una efeméride que bien merece que se destaque, después de treinta y de sesenta años. El patrimonio gana valor cuando envejece.  

1 comentario:

  1. É na partilha que crescemos, é ao olhar a diferença no outro que descobrimos, sabores, cores e gostos.

    ResponderEliminar

Helen Levitt

 Es el magnetismo de las fotos viejas, especialmente las que están en blanco y negro. Pocas cosas atraen tanto con tan poco.   Recuerdo tard...