jueves, 22 de enero de 2026

Boro

 Boro mira curioso, extrañado de ver a tanta gente a su alrededor. Está sentado en el asiento trasero de un coche, junto a una de sus dueñas que le acaricia y le habla para tranquilizarle. Fue ella, herida leve en el fatal accidente de tren de Adamuz, la que pidió ayuda para localizar al animal, que huyó asustado del lugar del percance. Durante cuatro días ha permanecido a la intemperie,sin alejarse demasido, donde las asistencias y equipos de rescate siguen trabajando para localizar los últimos cuerpos de las víctimas de un percance que traerá cola. 

 En lo que va de semana ha sido la única noticia alegre, reconfortante, la de ver a ese pobre perro a buen recaudo por fin y con su familia,mientras se celebran los primero funerales de los fallecidos. Pesadumbre que se aligera al menos con el último adiós que precede al merecido descanso de unas personas que no deberían haberse ido por culpa de un accidente que no tendría que haber ocurrido nunca.

    Larga será la resaca, muy larga. Mucho ruido, mucha bronca, muchas miserias y podredumbre, como sólo los políticos saben hacer, para que seguramente no cambie nada y todo quede en el olvido. Tercermundismo renovado y de nuevo cuño.

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