Es el autor del texto literario más comentado, libro que además estoy leyendo en estos momentos y del que daré cuenta en este blog cuando lo termine.
Sin embargo su autor no es noticia por su obra, ni por el reciente Premio Nadal que le ha sido concedido por su nueva creación. La razón de estar en el disparadero es su negativa a participar en unas jornadas de debate sobre la Guerra Civil Española, a celebrar a comienzos de febrero en Sevilla, patrocinadas por Arturo Perez Reverte.
El motivo del desistir en su participación, la presencia de dos personas, un ex-presidente del gobierno y un ex-parlamentario de una organización ultra conservadora, con los que se niega a debatir. Así de simple.
Críticas por una decisión que le está costando un estado de laceración en redes sociales tremebundo, destacando su condición de sectario, como apelativo más cariñoso; también le está poniendo en el foco, alcanzando con ello un eco y una publicidad que dificilmente hubiera conseguido de otro modo.
No sé si la situación dada ha sido buscada o sobrevenida; la única certidumbre de todo esto es la de siempre: las ampollas que levanta el tema de una guerra, que duró tres años, pero que vive perenne en nuestras mentes, sin solución de conclusión posible, pasen las generaciones que pasen. Pasan los años pero no lo hacen los traumas, ni por lo que se ve, las trincheras.
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