martes, 28 de octubre de 2025

O Cebreiro

 Después de un comienzo liviano y plácido, de llanear y bajar por sendas agradables en la primera etapa, tocaba recuperar lo bajado y abandonar la bella hondonada donde reposa Villafranca, cruzando el puente sobre el Burbia que marca el comienzo de la etapa. Para no deambulear por tramos próximos al tráfico rodado, la ruta ofrece un camino alternativo, monte a través, con cuestas empinadas que se atragantan nada más empezar, pero que luego recompensan con unas bellas vistas de la plaza que se abandona y su entorno. La etapa reina así se muestra altiva y exigente desde su inicio, llevando al peregrino por sendas de sube y baja que convierten la ruta en un verdadero rompepiernas, mientras se atraviesan los lindes de Trabadelo y Valcarce.

 El camino conduce más tarde hasta el pintoresco Ruitelán y desde ahí asoman amenazantes las primeras cuestas de Las Herrerías, primero por carretera asfaltada y después por pistas de tierra que mantienen su tono ascendente durante  cerca de diez kilómetros con un desnivel que supera los seiscientos metros y sobrepasa los mil doscientos de subida en su conjunto. Tomar un refrigerio en La Faba o en Laguna de Castilla se convierte en una obligación, para afrontar sereno la última parte del recorrido, que lleva al límite entre territorios que se refleja con un hito tan hermoso como deseado de ver y fotografiar. Es el colofón de la etapa que marca el adiós a las tierras bercianas de León, para plantar el pie en Lugo, donde se depositan las primeras huellas de territorio gallego.

 Tras el descubrimiento de la que se cree tumba del apostol, se inauguró, en el siglo IX, este minúsculo emplazamiento de piedra para servir de hospedería a los primeros peregrinos; hoy conserva algo de su encanto en piedra, encarnado en su hermosa iglesia románica bien conservada y cuidada; de lo poco que se salva de esta especie de parque temático donde peregrinos y turistas disfrutan de unas vistas increíbles, al tiempo que pueden comer y beber a precios poco hospitalarios. Camino y negocio siempre anduvieron cogidos de la mano, por mucho que quiera escandalizar al purista.

 Era para mi la etapa reina, por su dureza y su simbolismo. Por alguna razón sentía que mis aventuras peregrinas andaban cojas sin afrontar el reto de cruzar por estos páramos. Agotado me supo a gloria la cerveza de recompensa al llegar, pero más profunda fue la satisfacción de tener al fin, en la suela de mis botas, el polvo de las sendas que llevan a este punto tan significativo de Piedrafita

 


 

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