lunes, 23 de febrero de 2026

Helen Levitt

 Es el magnetismo de las fotos viejas, especialmente las que están en blanco y negro. Pocas cosas atraen tanto con tan poco. 

 Recuerdo tardes enteras, gastadas ante una bolsa de plástico que hacía las veces de improvisado album, donde se alojaban pequeños tesoros familiares, que acumulaban decenas de años; fotos de familia, fotos propias, testigos persistentes del paso del tiempo.

   Ayer volví a ver una exposición de fotografía antigua, esta vez a cargo de la neoyorquina Helen Lewit, que captó con su cámara  ambientes callejeros de su ciudad, de los barrios más humildes, como el Harlem hispano o Lower East Side, fotos que en su mayoría describen juegos infantiles, cuando la calle no era territorio prohibido y si espacio de recreo.

  Fotos que dan buena cuenta de cómo han cambiado los paisajes, las costumbres, las creencias, las formas de entender la vida.

 Libros sin letras, que cuentan historias con el poder de la imagen, superior al de las palabras, por muy bellas y precisas que éstas sean.Así he visto siempre a la fotografía y tal vez, por eso, me fascine tanto como arte y disciplina y me merezcan tanta admiración quienes la practican con talento, capaces de captar momentos únicos y de emplear la instantánea como instrumento de denuncia y reflexión social.

 https://www.fundacionmapfre.org/arte-y-cultura/exposiciones/sala-recoletos/helen-levitt/  

     

         

  

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