Se fue el pasado 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes para los católicos.
Siempre fue para mí alguien a quien vi desde la distancia; a diferencia de otras divas de la gran pantalla, apenas si tuve referencias directas de su trabajo. Su imagen hipersexualizada, convertida en un mito erótico, aún sin proponérselo, siempre me dio pereza, me interesó poco por su artificialidad.
Si seguí con más interés su pasión por el mundo animal, sus constantes propuestas e iniciativas por ampliar las garantías, los derechos, la protección de perros, gatos y resto de especies. Siempre en silencio, casi en la clandestinidad. Admirable que fuera capaz de reconducirse, de dejar su mundo de farándula y brillantina, seguramente para no acabar en el lodo, como han hecho tantas otras antes y después de ella, muñecos rotos despezados en mundo de falsedad y meras aparienciencias.
Seguramente esa reacción hizo más por su carrera artística que sus interpretaciones; como Greta Garbo, que se retiró en el cenit de su carrera, viviendo una vida de silencio, lejos de los focos, de las cámaras. Nada atrae más que el silencio, la discrección, el anonimato cuando es voluntario y no impuesto.
Que a tierra te sea leve, Brigitte.



