Esta Navidad Papá Noel se ha acordado de mi y me ha traído un regalo, sin duda mágico.
Nada menos que una edición limitada y de lujo, en tapas duras de Hachís y Salud, última tira escrita y que estaba inédita, del maestro del cómic, Francisco Ibañez.
Lectura que inevitablemente me llevará a tiempos ya lejanos, cuando apenas llegaba a la primera edad de dos cifras y era un ferviente devorador de tiras de este tipo, todos ellos personajes locales, de un mundo de viñetas alejado de superhéroes y la sofisticación que traían los cómics de otras latitudes.
Volveré a troncharme de risa, con las disparatadas aventuras de los agentes más famosos de la T.I.A., Mortadelo y Filemón, figuras imprescindibles de mi generación, fuente de fantasía inagotable de unos niños que vivíamos alejados de las pantallas y encontrábamos ocio y divertimento en las hojas de estos tebeos, que ahora son, además de patrimonio cultural, motivo de entrañable recuerdo.
Gracias Santa Claus por traerme de vuelta a mi infancia y por darme la oportunidad de volver a soñar.

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