Que el lenguaje es un elemento vivo en constante movimiento y evolución es una realidad, no en vano los diccionarios de las academias de la lengua de cada idioma revisan cada año el vocabulario en uso, especialmente el de la calle, tan dado a innovar como a usar prestados vocablos de otros idiomas, que se acaban asimilando como propios.
En el caso de la R.A.E. para la lengua española, incluye todos los años palabras nuevas que pasan a formar parte del compendio validado para su uso que se recoge en el dicionario oficial.
Él término que nos trae hoy aquí tiene origen chileno y está recogido en lo que se denomina diccionario de americanismos; es una palabra adquirida del español que se habla en ese país del cono sur y tiene un significado serio y explícito.
Originalmente Funar significa organizar actos públicos de denuncia contra organismos o personas relacionados con actos de represión delante de su sede o domicilio, algo que muy podría relacionarse con el vocablo de origen argentino, escrache.
De ese punto de partida el término ha evolucionado hacia otro contexto, el virtual para ser más precisos que lo emplea en redes sociales para referirse a la denuncia por comportamiento inapropiado de alguno sujetos en internet.
En boca de todos los públicos el término parece haber hecho efecto entre los adolescentes que lo verbalizan sin tanto peso, pero con un mismo objetivo, como el referir el riesgo que se corre de ser anulados o denunciados por prácticas inadecuadas o de otro tipo.
Palabras que van y vienen, que pasan de un país a otro, de un contexto social a otro, de un grupo de edad a otro. La lengua es vida y su uso, además de una necesidad, es una señal de riqueza incuestionable.
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