Qué sensanción tan extraña, adentrarse en un banco de niebla, donde convergen sentimientos opuestos, contradictorios.
Esa nube blanca que te atrapa y te impide ver nada a tu alrededor, instantáneamente te pone en alerta, te lleva al miedo.
Pero por otro lado te envuelve con suavidad, te transmite paz, tranquilidad, te invita a dejarte llevar. Es como estar en medio de las nubes.
Es algo que invito a todo el mundo hacer. En mitad de un espacio natural, en el campo, dejarse envolver por la niebla, sumido en el silencio artificial, sólo acompañado por los ruidos de la vida vegetal y animal. Permanecer así, quedo, con la respiración pausada. Es como iniciar un pequeño viaje a ninguna parte, a un destino incierto, desconocido, como hacerlo inmerso en una burbuja, confiando en que en algún instante, ese telón blanco desaparecerá y mostrará ante tus ojos el lugar al que llegas en todo su esplendor.
Invito a hacerlo y luego a escribirlo en un papel. Seguro que de esa experiencia sale una obra maestra.
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