Hay oficios y oficios. Algunos de ellos llaman muy poderosamente la atención. Es el caso del denominado Ghostwriter.
En ocasiones ocurre que aparece gente que quiere que su historia se escriba, pero no se atreve a hacerlo por sí misma, o no se ve capaz de dar semejante paso.
Para esas situaciones siempre se puede recurrir a un profesional, alguien que haga el trabajo por ti, normalmente un escritor con carrera, incluso con publicaciones reconocibles, que encuentra de ese modo una manera de conseguir ingresos adicionales a los que se le presuponen por escribir sus propias creaciones.
El caché a percibir por el escribiente varía en función del destino final de la creación. Si es un recuerdo familiar que no va a salir del ámbito privado, la suma puede ascender hasta los dos mil quinientos euros. Si el libro tiene por objeto salir a la venta como cualquier otro, los emolumentos pueden duplicarse facilmente y eso sólo como comienzo. Los derechos de autor en estos casos, compartidos, pueden variar las cantidades finales, por ejemplo si el trabajo tuviera gran aceptación y fuese un éxito de ventas.
Habrá quien confunda esta tarea con la de los clásicos negros, aquellos que escriben libros a reputados autores, siendo estos últimos los que firmen el título sin que se tenga constancia de quien ha sido el que en realidad lo ha plasmado sobre el papel. En el fondo el recorrido es similar, con la excepción del reconocimiento de la autoría. En este primer caso, no hay trampa ni cartón.
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