lunes, 29 de diciembre de 2025

Vuelta a casa

 Milagrosamente consigo salir de la ciudad sin parar ni una sola vez. Los cuento y son cinco semáforos los que me separan de la salida a la autopista. Ni siquiera me para el que me da acceso a la Avenida de Andalucía, frente a la Comisaría de Policía, habitualmente un tormento y fuente de embotellamientos, llego a tiempo para pasarlo en amarillo y no encuentro caravana cuando giro a la izquierda. Me acomodo en el carril más a la derecha y sigo.

 Viaje tranquilo, pese a la lluvia, sólo hago una  parada de quince minutos para repostar, comprar una cocacola y llamar a mis padres. Hago una travesía relajada, sin apenas adelantar camiones como otras veces, sin mayor incidencia que una pequeña retención a menos de cien kilómetros de la llegada, por el corte de un carril, donde yace volcado un camión de gran tonelaje, seguramente desde hace varias horas; la marcha se ralentiza por la curiosidad de ver qué ha pasado, pese a que no haya vestigios de nada, sólo la cabina abollada y la cabeza tractora ladeada; debió provocar un gran atasco en el momento en que se produjo el percance, aunque la Guardia Civil actua con rapidez y eficacia para aliviar el tráfico lo antes posible.

 Llega mi turno, paso ante el lugar exacto del accidente, veo el guardarraíl machacado por el impacto, ángel de la guarda que ha impedido que el vehículo saltase al otro lado de la calzada; continúo,apago el navegador y la música, me apetece llegar a casa en silencio, sin más ruido que el del motor de mi coche y el de los que me acompañan en la ruta.

 Al fin la salida 28. Cruzo por el Ronda sur, casi desierta; pocos son los que me cruzo andando; la noche es fría y el chiriviri que cae acrecienta la sensación de necesitar mucho abrigo. Completo las calles que me llevan a la mía, mientras voy dando dando palmadas al salpicadero de mi coche, al que le doy las gracias por traerme sin ningún contratiempo o falla. Lo dejo descansar en su plaza de garaje, a resguardo del frío y de la lluvia. Toca subir a casa.

 Como cada vez que falto algunos días, noto la casa distante, como ajena a mí, sin olores caracteristicos del día a día, a café, a liquido friega suelos, a suavizante de sábanas recién cambiadas a polvo de libros; enciendo las luces y mientras deshago a maleta, trato de darle un poco de calor de hogar ese que por unos minutos me niega;  afortundamente es poco el que necesito; con todo hecho y el pijama puesto, por fin siento que he llegado, ahora sí, he vuelto a casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

BB

 Se fue el pasado 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes para los católicos.  Siempre fue para mí alguien a quien vi desde la distanc...