Son tradiciones que se han instaurado en mi casa gracias a mi estancia en Italia. Nunca mi madre antes se había cocinado espaguetis, (todo lo más eran unos macarrones finos, siempre con tomate, sin experimentar otro tipo de salsas), ni menos aún había probado alguno de los dulces tipicos navideños, como el pandoro, que causó furor.
Ayer tarde, como es tradición, pasamos por una tienda para comprar algunos dulces navideños y, cómo no, buscamos algún pandoro que añadir a los que ya están en casa; cual fue nuestra sorpresa al ver cuáles eran los precios de los que estaban disponibles. Disparatados.
Allí en el expositor quedaron. Este año será el primero en muchos en no coger uno. La mesa estará cubierta de otras viandas, pues para endulzar la mesa de Nochebuena afortunadamente hay muchas opciones, la mayoría autóctonas. Cuesten lo que cuesten, siempre será dulce la Navidad en la mesa la noche del día veinticuatro.
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