miércoles, 17 de diciembre de 2025

Emboscada

 6:50 de la mañana, el tradicional tráfico fluido de la M-423, se ve alterado por una caravana intensa, justo antes de llegar a la rotonda que ofrece la variante de acceso a San Martín de la Vega y el Parque recreativo de la Warner.

 Esta autovía de menos de seis kilómetros, te hace sentir de verdad lo que dice el dicho, de estar entre Pinto y Valdemoro, en los apenas seis kilómetros de longitud que tiene, construída para facilitar el acceso al hospital de servicio de la zona, el Infanta Elena

  Reduzco velocidad, como siempre, antes de acceder a la glorieta reguladora de tráfico, aconsejado por las señales de prohibición y por los badenes que hacen rebotar el coche, por muy buena amortiguación que tenga. Una vez que accedo a ella, paso por debajo de la M-506 y al acceder al otro lado completando el giro, les veo, están allí.

 Emboscados, en el camino de tierra que lleva a fincas de cultivo, perfectamente alineados, al menos tres vehículos de la Guardia Civil, aparecen estacionados, rodeados por varios agentes embozados a causa del frío. Uno de ellos con una pala luminosa en la mano, que mantiene abajo, observa cada vehículo que pasa, que aligera la marcha,  confiando en que el agente no le haga señales con ella, para apartarse de la carretera. 

 Llega mi turno,reduzco a treinta por hora, observo al efectivo de la benemérita que no mueve el brazo, sigo la marcha y al tiempo observo que uno de los coches estacionados tiene un cartel luminoso, en el puede leerse en letras rojas: control de alcoholemia.

 Fruto de la marcha les dejo atrás, salen de mi campo de visión, pongo el interminente y abandono la rotonda para acceder al tramo de poco más de un kilómetro que me dará acceso a la A-4

  Reconozco que los agentes no dejan de sorprenderme, por si capacidad de escoger sitios donde apostarse para cumplir con su labor controladora, más si cabe en estos días de celebración, donde las cenas de navidad de empresa y amigos abundan, con sus conocidos excesos. Pericia policial, que me recuerda a las películas de vaqueros y del Oeste, en las que unos y otros buscaban el mejor sitio donde ubicarse para sorprender al enemigo. La diferencia aquí está en que el enemigo es protector y previsor, además de concienciador de la imprudencia que supone consumir alcohol antes de agarrar un volante.

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