Deambula por los páramos fríos de la Sierra de Grazalema o de la gélida Serranía de Ronda, tierras en otros tiempos frecuentadas por bandoleros, que habitaban sus inhóspitas cuevas, lugar pintiparado para usarse de escondite y camuflaje.
Alimentándose de plantas que florecen en lugares inaccesibles, que otras especies no catan, encuentran en su dieta el principal aliño que hace tan preciada su leche.
Leche de cabra que sirve de base para elaboración de un queso espectacular, denominado payoyo, como la especie de la que se ordeña, que a su vez tiene su orgien en el popular gentilicio de las localidades de la zona, Villaluenga y Montejaque.
No soy autóctono de la zona, pero si un declarado fan de la cultura gastronómica payoya y de sus manjares, exquisitos, que tienen su base en el preciado producto que da una humilde cabra de monte andaluza.
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