Se va el mes de julio y nadie lo echará en falta.
Sin embargo no se irá de nuestro recuerdo, con muertos que buscaban huir de un fuego imprevisible y miles de hectáreas de bosque arrasadas, que muchos no volveremos a ver igual el resto de nuestras vidas.
Acongoja el recuerdo, empalidece el simple hecho de pensarlo; el verde ha dado paso al negro.
Que el venidero mes entrante traiga menos grados en el termómetro y mejores noticias, o mejor aún, que no traiga nada, que sea uno de esos meses de agosto planos, de tardes de calor y sonido de chicharras, de siestas infinitas hasta que oscurece, de sillas de campo a la entrada de las casas con tertulias a la fresca.
Ojalá volvamos a tener la oportunidad de aburrirnos, de vivir días insípidos, que no tengan nada que comentar. Tedio como necesidad, para recuperar una paz mental condicionada y azuzada con tanto sobresalto y tanta mala noticia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario