Los Mossos d'Esquadra investigan un nuevo tiroteo en Barcelona, en esta ocasión con un adolescente de quince años asesinado en el parque de La Pegaso del barrio de La Sagrera.
La noticia se comenta sola, pero no por ser cada vez más habitual, deja de horrorizar, especialmente cuando se piensa en lo que hay detrás.
Si, otra trifulca, otro rifirrafe entre bandas juveniles, que podría obedecer a un encuentro organizado para ajustar cuentas entre rivales. Importadas de América Latina, pero con miembros nacidos aquí, convirtiendo el problema en un tema local por más que se quiera ver el origen en otra parte.
A los conflictos de aquí hay que darles salida y solución con iniciativas de aquí.
No me cabe la menor duda de que los populistas demagogos buscarán hacer apología de lo malo foráneo y de sus miserias para justificar segregacionismos y depuraciones que no sólo desbordan los límites de lo que marca la ley sino que, también, la integridad propia y el sentido común. Agitar la bandera del miedo, del sufrimiento, de la degración de barrios donde parece que impera la ley del más fuerte, no es de recibo, no soluciona nada, todo lo contrario, envenena a quien vive donde está el problema, que necesita soluciones reales y no arengas envenedadas e interesadas.
A los delincuentes hay que tratarles como tales, como tema policial que es, hay que poner medios para combatir estas prácticas que antes eran de película.
Eso en el corto plazo, ya que no se puede prevenir según en qué casos. A medio- largo, no estaría de más vertebrar iniciativas que contengan y diluyan el caldo de cultivo donde se larvan estos grupos y organizaciones, con rituales de secta o hermandad, que sólo son una falsa vía de escape, para personas, (¡Chavales que son todavía críos!), que no deberían habitar en ningun ámbito marginal.
Descanse en paz el finado, pero no su asesino o asesinos y quienes les alientan y firmeza para contestar a quienes buscan sacar tajada política de la desgracia.
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