lunes, 27 de julio de 2026

Irse de cañas

 Es curioso, todos nos vamos de cañas, pero quizá debieramos cambiar la expresión, porque la realidad es que nos vamos de cervezas, sí, pero el contenido nos los sirven en diferentes formatos, ninguno aproximado al viejo vaso de caña, de una capacidad entre los 200 y 250 ml.

 De hecho los bares han reciclado el recipiente, para darle un uso distinto, para albergar otro líquido, el café.

 Así hemos pasado de beber cerveza en vaso de caña, a hacerlo con el café, preferido por muchos que quieren el negro líquido en cristal antes que en taza de loza.

 Supongo que es cuestión de simple evolución, de cambio de hábitos, pero es inevitable que vengan ciertos resabios de nostalgia.

 Uno no se imagina ir a Colonia en Alemania y beber su clara y rubia cerveza suave en otros vasos que no sean esos tubos pequeños, servidos en bandejas circulares sostenidas por un asa desde arriba y no soportadas desde la base, como viene siendo tradicionalmente en las Brauhaus. Tal vez debiéramos hacer algo parecido aquí y reivindicar el valor del consumo de la cerveza en estos pequeños vasos de vídrio, por tradición, por calidad y por moderación en el consumo. 

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