Escribo mis pensamientos en silencio
divagando,
como si tuviera una libreta incrustada en mi cabeza
donde van despositándose las frases,
con una cañeta imaginaria,
que traza garabatos en el aire.
Cúmulo de deseos, de enfados e inconvenientes.
Mirando por la ventana del tren
mientas diviso el paisaje, cambiante,
dibujo mi estampa así,
esa que tiene forma de dietario silente
sin tinta, sin texto,
sin más tamaño que el dure el trayecto
hasta llegar a casa.
Fin del capítulo.
¿Continuación?
En el siguiente viaje.
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