miércoles, 22 de julio de 2026

Polvo

 Monjas a la venta en un mostrador de confitería, una manera de aunar lo espiritual y lo exquisito, de elevar el paladar y conectarlo con lo celestial. Todo por cuenta de una religiosa que pisó este mundo hace cinco siglos y cuya estela no deja de fascinar con el paso de los tiempos.

 De hecho hay algo paradójico en el sitio que más la homenajea y recuerda, su lugar de nacimiento; allí es visita obligada el sitio donde aparentmente renegó de su ciudad, limpiando de la suela de su calzado el polvo de la tierra que pisaba.

 De Ávila, ni el polvo. Eso dicen que dijo en un páramo aislado a las afueras que se conoce como los cuatro postes, en un episodio al que ningún historiador se atreve a darle carta de certeza. La mayoría habla de fuertes discrepancias con las élites locales que le llevaron a abandonar la ciudad con su orden, camino de Medina del Campo, donde lograría establecer el segundo convento de su congregación.

  Polvo que alimenta tanto tiempo después especulaciones, que sale a la palestra con cada nuevo estudio que se publica sobre la religiosa más importante que ha dado el país, una de las más grandes de la cristiandad. Única Santa Teresa de Jesús.

 


 

  

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