Una carretera de buena calzada en un tramo recto y con buena visibilidad. En medio de ella se ve un vehiculo de color gris, un todo terreno, sin aparentes grandes daños, sin las ruedas, con el techo abollado. Los equipos de emergencia, protección civil y bomberos faenan alrededor del vehículo, llama la atención que cuelguen del techo ayudados por las ventanas sábanas que no permiten ver el interior, son una muestra de decoro y respeto, para quienes yacen dentro, mientras esperan que las autoridades judiciales dictaminen el levantamiento de los cadáveres.
Sucede de cuando en cuando y tiene un efecto impactante, demoledor; se hace viral la identidad de los fallecidos. Cuatro personas, miembros de una misma familia. El matrimonio y dos hijos adolescentes. Una tercera hija, trasladada al hospital con heridas de gravedad, lucha por sobrevivir. El conductor es un conocido empresario bodeguero de una de las denominaciones de origen más importantes del país: Ribera del Duero.
Incredulidad, consternación, escalofríos y pensamientos para los allegados a una familia, destrozada en un tris, en un accidente de circulación, forma triste de marcharse, desgraciadamente habitual en estas semanas que vienen por delante.
Todos los accidentes de tráfico son iguales, pero impresionan más cuando hay varios fallecidos, cuando la tragedia golpea a los miembros de una misma familia. Descansen en paz y fuerza para la superviviente, que además de recuperarse de sus heridas, deberá hacer frente a una existencia de orfandad y ausencias. Triste manera de comenzar la semana.
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