miércoles, 15 de julio de 2026

A toro pasado

 Saber cosas a toro pasado, que en el fondo ya intuías pero que cuando las escuchas se clavan como cuchillos afilados y te indignan.

 Notas cómo se acelera el pulso, como se inflama la respiración como si comenzases a hiperventilar.

 Entonces dejas que el cerebro se active y que la yogurtera empiece a carburar, comienzas a racionalizar para compensar el calentón  y volver a un punto de equilibrio.

 Reestableces el punto de normalidad, la respiración se reposa, el latido deja de sentirse y se camufla en el cuerpo como siempre, como suele hacer cuando está en estado de tranquilidad.

 Y de repente pasas de un momento de ofuscación a otro de satisfacción, al observar que eres capaz de gestionar los sentimientos, de calibrar las alteraciones, de no dejar que un enfado puntual te haga hacer o decir alguna estupidez.

 Todo se aprende, todo se trabaja. Qué importante y qué necesario es. 

 Ante la indignidad, temple.

 No por postureo, ni por demostrar nada a nadie, sino más bien por bienestar propio, por salud. Al final siempre sucede lo mismo; el enfado, por mucho que lo viertas contra algo o alguien, sólo te hace daño a tí.  Nada como relativizar y contemporizar para cuidar el corazón... y las formas.

  

  

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