La Federación Española de Fútbol ultima un acuerdo para facilitar la congelación de óvulos a las jugadoras internacionales y avanzar en la conciliación entre la carrera deportiva y el deseo de ser madres.
Ese es el titular.
Ahora viene la pregunta, ¿ Se trata de conciliar o de dirigir y condicionar la decisión de asumir la maternidad?
Desde que leí esta noticia me han venido a la cabeza recuerdos de situaciones vividas profesionalmente, de casos de compañeras de trabajo, en hostelería por ejemplo que reconocían que en sus entrevistas de trabajo los empresarios llegaban a amenzarlas con despedirlas si se quedaban embarazadas.
Eso sin contar con que la mayoría de las mujeres que conozco que tienen carreras profesionales brillantes, no tienen familia, ni descendencia.
No partimos de una posición igualitaria. El peso de la procreación condiciona, crea desventajas y no cuenta con correctivos o medidas que lo palien.
El negocio es el negocio; a la FEF no le interesa que una mujer se quede en cinta cuando está en lo mejor de su carrera profesional, de ahí que descaradamente se ofrezca a financiar programas de congelado de óvulos para que las jugadoras procrastinen esa decisión y así no interrumpan su desempeño.
Parece como si ser madre fuera romperse los ligamentos. Es una decisión íntima, personal, humana que, además, es necesaria; no nacen suficientes bebés para cubrir las necesidades de una población a futuro cada vez más envejecida.
Lo que se anunciaba a bombo y platillo como un hito y un avance, resulta ser una medida interesada y sexista. El mundo seguimos definiéndolo desde una mentalidad masculina e interesada económicamente.
