jueves, 3 de septiembre de 2026

Congelar óvulos

 La Federación Española de Fútbol ultima un acuerdo para facilitar la congelación de óvulos a las jugadoras internacionales y avanzar en la conciliación entre la carrera deportiva y el deseo de ser madres.

 Ese es el titular.

 Ahora viene la pregunta, ¿ Se trata de conciliar o de dirigir y condicionar la decisión de asumir la maternidad? 

 Desde que leí esta noticia me han venido a la cabeza recuerdos de situaciones vividas profesionalmente, de casos de compañeras de trabajo, en hostelería por ejemplo que reconocían que en sus entrevistas de trabajo los empresarios llegaban a amenzarlas con despedirlas si se quedaban embarazadas.

 Eso sin contar con que la mayoría de las mujeres que conozco que tienen carreras profesionales brillantes, no tienen familia, ni descendencia. 

 No partimos de una posición igualitaria. El peso de la procreación condiciona, crea desventajas y no cuenta con correctivos o medidas que lo palien.

 El negocio es el negocio; a la FEF no le interesa que una mujer se quede en cinta cuando está en lo mejor de su carrera profesional, de ahí que descaradamente se ofrezca a financiar programas de congelado de óvulos para que las jugadoras procrastinen esa decisión y así no interrumpan su desempeño. 

 Parece como si ser madre fuera romperse los ligamentos. Es una decisión íntima, personal, humana que, además, es necesaria; no nacen suficientes bebés para cubrir las necesidades de una población a futuro cada vez más envejecida. 

 Lo que se anunciaba a bombo y platillo como un hito y un avance, resulta ser una medida interesada y sexista. El mundo seguimos definiéndolo desde una mentalidad masculina e interesada económicamente. 


martes, 1 de septiembre de 2026

Ataráxico

 Comienza fresca la mañana, abro la ventana para que me envuelva la brisa del exterior, acompañada del rugir constante de motores de coches que se desplazan cuando alzo la vista por calles y rotondas; otra mañana de trabajo que activo desde la atalaya de mi habitación, en casa, en remoto. 

 Doble ración de café para mantenerme despierto; otra noche de poco sueño aunque suficiente descanso; creo que mi cuerpo ya ha asimilado los tiempos de parada y recupero durmiendo muy poco; dudo que sea bueno pero me sirve para funcionar día tras día.

 Abro el correo y comienzo a repasar tareas, tras la resaca de otro cierre de sol a sol. El día de después suele ser incluso peor; gajes del oficio. Al menos no he salido de casa, empieza bien la jornada de todos modos.

 Tengo la mente calma, tranquila, ningún pensamiento la atraviesa, ni tampoco la perturba; creo que me encuentro por un momento cerca de ese estado de ausencia de temores o pasiones, serenidad dulce aunque sea temporal y transitoria.

 Estar relajado en horario de oficina. Todo un logro. 

 Para epicúreos, estoicos y escépticos, es el culmen de la felicidad, pero vivir es sentir, algo a lo que la ataraxia es en principio ajena. Esa frialdad frente a los estímulos externos parece inhumana, irreal, imposible de alcanzar al fin y al cabo, al menos como estado constante.

 Por eso, como esta taza de café que sigo consumiendo, la bebo a sorbos, esta sensación de paz, mientras dure. 

Laguna de Campillo

 Apenas son las ocho de la mañana cuando paso delante de las instalaciones de PACADAR, en unas naves que lucen desangeladas, oscuras, con muros deslucidos que dieran la sensación de abandono. Nada más lejos de la realidad; tal vez esa impresión de lugar en ruinas  se acrecienta con la soledad de un domingo por la mañana por la zona, en la que apenas me cruzo con algún ciclista; contiguo a la nave industrial aparecen las vías del  viejo tren reconvertido en turístico, Tren de Argandael tren que pita más que anda, como dice el popular dicho. 

 Justo detrás, lucen pacientes y relucientes con el primer sol de la mañana las aguas de la Laguna de Campillo, un humedal artificial alimentado por las corrientes del Río Jarama, que encuentran en esta hondonada una vía de escape provocada por la empresa próxima y sus excavaciones de áridos y grava, que al llegar al nivel freático del terreno provocaron la inundación.


 Qué contrastes, ante las instalaciones herrumbrosas e industriales se erige un paraje natural que ha se convertido en ecosistema propio, con aves que encuentran en este páramo un lugar de reposo en sus migraciones, así como otras especies autóctonas que habitan en sus cañaverales. Lugar habitual de paseo, de aprendizaje con su centro de interpretacion de datos y de esparcimiento en las inmediaciones del viejo pueblo de Rivas, hoy convertido en una inmensa ciudad dormitorio de Madrid.

Congelar óvulos

 La Federación Española de Fútbol ultima un acuerdo para facilitar la congelación de óvulos a las jugadoras internacionales y avanzar en la...