Es el patrón de una ciudad fundada por un infiel, un musulmán, el emir Muhammed I quien en el año 865 mandó construir una alcazaba en la aldea de Mayrit, a orillas del río Manzanares.
El agricultor que nos atañe hoy vino al mundo doscientos años mas tarde; trabajó como labriego para una familia de hacendados. Cuenta la tradición que era muy devoto y que compartía sus bienes con los más necesitados, dando comida al hambriento. Un ejemplo, que le hizo acreedor a la oportunidad de acceder a los altares de la iglesia, como santo a quien usar de referencia en la vida de cristiano. Así quedó dispuesto por mediación del papa Gregorio XV, quien lo canonizó en el siglo XVII.Cien años antes ya se veneraba su figura por el populacho y se celebraba su verbena en la tradicional pradera, la misma que ahora se encuentra delante de su ermita.
No hay un santo más prolífico que éste; hasta cuatrocientos mil milagros se le atribuyen, algunos tan espectaculares como los del propio Jesucristo, como hacer brotar agua de un sitio seco o multiplicar la olla de comida con la que alimentaba a los pobres.
Quedan algo más de cincuenta años para que se celebre el milenio de su nacimiento; pero su impronta se mantiene entre los madrileños; el día 15 de Mayo se celebra su festividad y es tradición beber agua de la fuente que mana sus aguas desde una pared de la pequeña iglesia; especialmente apreciada por las madres primerizas, que encomiendan a beber esa agua, protección en la venida del nasciturus.
Ayer volví a pasar por el Paseo de la Ermita del Santo, a subir su empinada cuesta, a sonreir al ver la imagen de Santa Maria de la Cabeza, esposa de San Isidro de quien la leyenda decía que trabajaba por su marido, más pendiente éste de sus rezos en las iglesias que de las tareas de labranza, absentismo que no le ha impedido ganarse el honor de ser patrón también de los agricultores, por mediación de Juan XXIII.
Pocos sitios tienen en la capital el encanto de este, en medio de dos inmensos camposantos, La Sacramental de San Justo y La del propio San Isidro.Recintos de cuya visita rendiré cuenta más adelante, cuando planifique la visita de tumbas ilustres arracimadas en este páramo de Madrid.

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