viernes, 17 de julio de 2026

Rencor

  Vivir con rencor es lo peor del mundo. Ser incapaz de no pasar página, de dejar que ese daño se consolide en el interior sin que nunca vea una vía de salida, es demoledor.

 ¿Se puede vivir con algo así durante cincuenta años? Parece ser que sí.

 ¿Cómo manejar todos los depojos que dejan la rabia, la inquina, la desazón después de tanto tiempo?

 Es duro, difícil de imaginar, pero pasa y ocurre.

 Rencor que es como el tabaco, una muerte silenciosa con espoleta de efecto retardado, que mata, pero lo hace en diferido.

 Aunque lo malo es cuando llega el momento de percatarse, de darse cuenta que tanta frustración proyectada imaginariamente la mayor parte del tiempo, sólo hace daño al que la siente y la proyecta... Hacia ninguna parte. Quedarse con eso dentro y vivir con ello es condenarse a una vida de miserias autoimpuestas. A un sufrimiento gratuito y eterno.

 Qué pena produce cuando se conoce el caso, a quién afecta y por qué lo maneja así. Qué pena.

  

  

 

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