La pasión por las cumbres, por llegar a lo más alto es consustancial a la condición humana. Poder visitar zonas solitarias, que son hostiles por sus climas extremos, incompatibles con la vida rutinaria, los convierten en parajes todavía más atractivos para aquellos con espíritu intrépido.
Como mamíferos somos conscientes de nuestras limitaciones, por ello debemos buscar acomodo en zonas que sean compatibles con la vida, pero no todos somos iguales. De hecho, algunos de ellos son capaces de vivir en zonas que se antojan incompatibles con los seres humanos.
Lo que son a lo sumo sitios para visitar, son para otros un espacio donde vivir, pese a sus paisajes agrestes y climas agresivos; hay una especie mamífera que lo hace a la mayor altitud conocida hasta la fecha, nada menos que a casi siete mil metros sobre el nivel del mar, y se trata de un minúsculo roedor, el ratón orejudo de los Andes (Phyllotis vaccarum). Eso lo convierte en una especie de altísimo valor biológico y científico, al tener una constitución que le permite vivir con la mitad de oxígeno de la que se registra en el nivel del mar.
Entre sus singularidades destacan por ejemplo que sus células son como la de nuestros atletas de resistencia, repletas de mitocondrias quema grasas, que además alimentan un calor corporal que les ayuda a resistir el frio de esas altitudes.
Por otro lado su dieta se adapta al entorno, consumiendo plantas que no serían aptas para cualquier otro metabolismo, como es propio en las especies vegetales de alta montaña.
Poseen estas pequeñas criaturas un organismo prodigioso, resistente, resilente, capacitado para la adaptación como no hay otro; eso les hace merecedores de ese protagonismo que tienen para la comunidad científica, que bien merece extenderse a nivel general, no sólo por simple curiosidad.
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