Es una expresión coloquial que se emplea con frecuencia, para expresar que la superficie por la que se transita no está lisa o en buen estado.
En el argot deportivo, es habitual escucharla si la pelota no rueda bien por el césped de un campo de fútbol, por ejemplo.
También en materia vial, cuando hay demasiados baches o irregularidades en el asfalto, es frecuente oir eso de va el coche dando saltos como un conejo.
Pues bien, con esta última acepción me quedo, para referir el estado en el que encontré ayer, regresando desde Málaga, la autopista que une Madrid con Andalucía, la famosa A4, que tiene como punto final Córdoba. Kilómetros y kilómetros de un trazado que tiene muchos puntos negros por mejorar; cuidar neumáticos y suspensión en una vía así se hace más complejo de lo que sería de desear.
Reconozco que hubo momentos en que llegue a sentir vergüenza, ¿ Qué pensará el turista francés, belga o británico, cuando baje cruzando media Europa en su coche, al ver en qué estado se encuentra la principal vía de comunicación con el sur del país?. Cuidar estos temas, además de por seguridad y respeto a los vecinos que la usan por obligación, es un imperativo que implica no poner en entredicho la solvencia que tenemos y la imagen percibida cara al exterior, más si cabe en estas fechas en que su uso es mucho mayor por razón del descanso estival y sus vacaciones.
Como diría un paisano, ¿ En qué se gastarán el dinero? Lo corroboro, cómo es posible que el mantenimiento de una vía tan principal sea tan deficiente. Como tantas otras cosas. Sin comentarios.
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