Es un argumento recurrente de guión cinematrográfico, en donde los guionistas no escatiman en sofisticación e ingenio para hacer vencedores a los cacos que pretenden hacerse con los tesoros que custodia un museo.
Nuevamente la realidad se hace eco de la ficción, otro robo de pelicula se ha efectuado.
Cincuenta y nueve piezas de oro, plata, hierro y ámbar con un peso de diez kilos, sustraídos del MUVI, museo de la localidad del Alto Vinalopó en la provincia de Alicante, conforman el denominado Tesoro de Villena, uno de los conjuntos más valiosos de la Edad de Bronce en Europa.
Los investigadores policiales han adelantado algunas circunstancias de la acción, como la rapidez en que se llevo a cabo, menos de cuatro minutos. Los medios se hacen eco de las medidas de seguridad, que parecen pobres para custodiar piezas de incalculable valor, sin siquiera vigilancia de seguridad 24 horas.
En esta ocasión la historia requiere de un giro de guión, para seguir la pista de un tesoro que muy probablemente aparezca antes de que llegue al oscuro mercado de obras de arte que trafica con el patrimonio de todos. Si es un palo de profesionales consolidados o de chorizos con residencia próxima al lugar de los hechos saldrá a la luz. Sin menospreciar a los vecinos del lugar donde se encontraban las piezas, me pregunto por qué estas no se encontraban expuestas en el Museo Arqueológico Nacional, como ocurre con otras bienes de valor e importancia histórica como este. Mejor no indagar en ese aspecto porque seguramente saque a colación nuestras tradicionales disputas de taifas a los que somos adictos por estos lares.
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