jueves, 13 de agosto de 2026

De pijama y orinal

 Zumbido de chicharras en estéreo que se acrecienta a cada grado que sube en el termómetro. Persiana bajada y estancia a oscuras. Sobremesa de sofá y televisión con el sonido bajo o de cama, con el mismo ritual que si fuera por la noche. Estampa que se repitía un día tras otro.

 Siestas de pijama y orinal Así eran las tardes de verano de la niñez y que ahora echo en falta. Descanso que se ve mal, en estos tiempos de exceso de actividad, de sensación de perder el tiempo por no hacer nada, cuando es terapeútico hacerlo de cuando en cuando. 

 Me refiero a eso, de no hacer nada, parece fácil de conseguir, pero no lo es. Igual hasta llegará un momento en que haya cursos o terapias que enseñen a uno a aburrirse.

 Descansar no es sólo dejar de trabajar, estar unos días sin madrugar, sin sentir la presión de las agujas del reloj que miden una jornada de tareas definida de principio a fin. De repente verse con tiempo hace bullir la cabeza y empiezan a amontonarse las cosas que hacer. Parar para hacer, para no parar, para volver a la normalidad igual o más cansado que antes de empezar el periodo de asueto.

 Vida trepidante, también en esto volveremos a lo antiguo para aprender a no ser productivos de ninguna manera.

  

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