lunes, 17 de agosto de 2026

Torreciudad

 Para acceder al recinto hay que seguir el serpenteo de una estrecha carretera que cruza la presa de El Grado, construída en el embalse que recoge las aguas del Río Cinca. 

 En lo alto de una loma, mientras se dejan a un lado las aguas embalsadas, se ve un pequeño risco donde se encuentra la ermita original que acogió la talla de Nuestra señora de los Ángeles, una pequeña escultura de una virgen negra, que data del siglo XI y que ahora se muestra custodiada en el retablo principal del santuario. 

 Contruído a mediados de los años setenta, fue inaugurado apenas unos días más tarde de la muerte de su precursor, Jose María Escriva de Balaguer, fundador del Opus Dei. 

 Más que una basílica menor, parece una fortaleza fortificada, que acrecienta esa sensación gracias a la enorme plaza que lo precede, así como el  ladrillo rojo que se empleó como material principal, tal y como lo ideó el miembro de la obra y arquitecto Heliodoro Dols, inspirado en el estilo neomudéjar.

 


 

 Hasta aquí vinieron las padres del santo fundador de la prelatura personal para dar las gracias a la virgen por la sanación de su hijo, todavía muy pequeño y aquí la obra decidió crear un santuario de adoración mariano, pero con un boato y suntuosidad que obligan a hacerse la inevitable pregunta: ¿Cuánto costó realizar esto?

 Hasta dos mil millones de pesetas se presupuestaron para levantar el complejo con restauraciones incluídas, sufragado sin ayudas públicas, ni del municipio donde se erige, ni tampoco de Barbastro de donde era originario su fundador. Es mucho dinero para la época, para provenir simplemente de donaciones particulares de miembros de la organización, sus familias y simpatizantes. A día de hoy, el patronato y fundación que mantiene las instalaciones y gestiona los recursos del complejo religioso, reconoce que éste es deficitario, no siendo suficientes las ayudas, donativos o compras de recuerdos religiosos para cubrir los gastos. Nuevamente la oscuridad en las cuentas alimenta la leyenda de una organización religiosa tan conservadora en las formas como opaca en sus actividades.

 


 

 Contrasta lo prolijo y recargado de la basílica con el homenaje austero y pacato que los vecinos barbastrinos otorgan a su santo; una pequeña placa en granito, esquinada y que pasa casi desapercibida si no se fija uno bien, ublicada en la casa en la que nació y vivió sus primeros años de vida, antes de que la familia se trasladase a Logroño por causas de fuerza mayor, en la Plaza del Mercado.  Que el consistorio haya decidido ubicar una estatua en bronce dedicada a los hermanos Argensola, ilustres hijos de la ciudad, justo delante de la casa, al lado de la calle donde se encuentra el palacio de la familia, eclipsa la inscripcion mural.

 

  Esta es la historia sucinta de un personaje y su obra material más señalada, la de un espacio que busca su sitio como lugar de pegrinaje de espacios dedicados a la virgen, como los que existen en Guadalupe, Lourdes o Fátima. Para creyentes y curiosos que visiten la zona, en las proximidades del pirineo oscense.
 

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