Todo vuelve, aunque en realidad en este caso habría que decir más bien que nunca se va, como suele ocurrir con todo lo malo.
Jornadas maratonianas, dificultad para desconectar cuando termina el trabajo. Sin tiempo para repararse.
Volvemos a hablar de explotación laboral, pero ahora, además de la de siempre, hay una nueva modalidad, un nuevo formato; el que apaliza y esprime no es otro que es uno mismo.
Focault antes y Chul Han ahora, previenen sobre eso.
Todo vuelve y evoluciona, como los virus que se adaptan para sobrevivir. Tal vez haya que volver a la figura del jefe tradicional, al menos en lo referente al nivel de autoexigencia.
Portatiles y demás terminales se asocian a internet. El mundo entero es una oficina, desde cualquier sitio puede hacerse la labor y su desempeño.
Lo que parece libertad, está cuajado de cadenas, es un presidio más grande, indefinido, carente de muros, de centinelas espectantes, sin castigos, ni controles.
Nadie hace desde fuera esa labor opresiva y lacerante.
Está diagnosticado, definido, publicitado, pero no parece que se pongan medidas para encauzarlo. Burnout para definir las consecuencias de un exceso de tareas que conducen a un desgaste ocupacional y que traen como resultado además de la ineficiencia, la enfermedad con un cuadro de síntomas amplio.
Catálogo de padecimientos en periodo de reasignación; las panaceas no van a la misma velocidad que los diagnósticos. Antes que curar, mejor prevenir.
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