Lesiones fotoquímicas sin cura con un daño celular irreversible; suena tan tremendo que rebaja las ganas de observar el eclipse del próximo día doce por la tarde. Confiemos en que la gente sea sensata y se haga con un par de lentes de polímero negro, revestidas de partículas metálicas microscópicas para la protección de la retina; que sea un fenómeno que ocurre cada cien años, no debe impedir regirse por un mínimo de sensatez.
Y ya puestos que ese mismo sentido común se aplique en el espacio que cada cual elija para observarlo, especialmente los que busquen espacios naturales alejados de las aglomeraciones; toda precación es poca para prevenir incendios, después de la calamidad de verano que llevamos en ese aspecto.
Que un momento único y especial no se vuelva en una desgracia. No es mucho pedir.
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