lunes, 30 de marzo de 2026

Outsider

 Sigo con mi particular cruzada contra los grupos de whatsapp, ese instrumento vía internet de mensajería en el que la inmensa mayoría aglutina sus comunicaciones.

 A través de un teléfono que no se utiliza para hacer llamadas. Pudiendo hablar, preferimos enviar mensajes de texto, o de audio.

 Es especialmente llamativo el fenómeno de los grupos, en donde se apiñan unos cuantos números de teléfono para hacer llegar de manera comunitaria los mensajes, visibles para todos, de una sola tacada.

 Esa economía y practicidad está eliminando la comunicación individual. Prima lo útil frente a lo sentido; la comodidad a la complicidad.

 Las prisas, el enemigo de siempre; yo antes tenía un listado de contactos en la agenda de mi teléfono que se aproximaba a los dos centenares; se ha reducido a menos de la mitad; por increíble que parezca, he eliminado los números de aquellos que han renunciado a comunicarse conmigo individualmente, porque sé que sólo lo harán através de algún grupo, creado en su día para algún evento y que se ha quedado permanentemente como vehículo de comunicación. Hasta que decida abandonarlo discretamente.

  Como los estados de whatsapp, forma fácil de hacer llegar una foto o un video a todo el mundo; tan fría y poco saludable, como maquinal y repetitiva; desde hace tiempo no los veo; tengo capados todos y cada uno de ellos, de manera sistemática.

  No me interesa la vida de la gente por internet. Sí la vida en carne y hueso, si la intimidad de compartir algo a título indivual. A fuerza de repetir, algunos gestos vacían de contenido aquello que pretenden divulgar.

 Llegará el día en que lo desinstale; lo sé, mientas eso ocurra y pierda el valor que ahora tiene por razones familiares y personales, seguiré discrimando, seguiré decidiendo qué quiero ver y qué no.  La vida a fotogramas, como antes existían las diapositivas, y el narcisismo exasperante de muchos, que se creen con derecho a disponer de tu tiempo, con el envio de chorradas de todo tipo, que forzosamente han de hacerte gracia, desgraciadamente no me interesa. Eso me convierte en un outsider, en un indigente virtual.

  

 

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