jueves, 12 de marzo de 2026

Memoria pequeña

 Dice un refrán, que nadie muere si vive en el corazón y en la memoria de quienes lo recuerdan.

   Recuerdo que se agosta, palidece, termina por secarse como una planta mal cuidada.

 Y muere.

 Ayer, pese a que se realizaron los mismos homenajes con pequeños actos oficiales, que vienen llevándose a cabo desde hace veintidos años, apenas si se hicieron eco los medios de los terribles atentados que segaron la vida de ciento noventa y dos personas, culpables de viajar en trenes de corta distancia. 

 Como el que utilizo yo ahora desde que me fui a vivir a a la periferia.

 La memoria colectiva los ha enterrado, dos veces; cuánta gente pasó ayer por Atocha, o por Santa Eugenia y se percató de que era 11M, dia de aniversario, de un luto que cada año se blanquea más, convertido en polvo de olvido. 

 Hoy mi mente está curiosamente con sus familias, más que con los fallecidos, cuyo desamparo por la pérdida no se atenua con los años y a los que a buen seguro, el silencio o el paso de soslayo por la efeméride les hace daño, muchísimo daño.

 Como a tantas otras víctimas inocentes. 

 Qué breve y pequeña es la memoria, incluso para las cosas más sentidas y luctuosas y qué mal habla de nosotros.

  

 

  

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