El árbol de Guernica está situado delante de la Casa de Juntas de Bizkaia.
Este árbol es el símbolo de los fueros, estatutos jurídicos que regulaban la vida local, que representan las libertades tradicionales de los vizcaínos, y por extensión de todos los vascos.
Un roble que es punto de encuentro de todos los territorios que configuran el País Vasco.
Plantado sucesivas veces, siempre empleando retoños del primigenio, que permiten mantenerlo erguido y con vida, sin que la savia que corre por él cambie del original pese a llegarle el momento de la muerte.
Visitar esta localidad es hacerlo al corazón del euskera, a todo lo que representa la cultura vasca, al punto más oscuro de su historia, al pueblo al que la Legión Condor arrasó con un bombardeo de horas que arrojó toneladas de bombas, pólvora y fuego, tal como inmortalizó Picasso en su cuadro universal.
Después de pasear por sus calles limpias y cuidadas, por las zonas viejas del pueblo restauradas, tras rendir visita al árbol, de ver el impactante tronco inerte de su predecesor viejo, elevado en un altar con forma de templete de piedra, me quedó la impresión de que terminaba de completar mi particular collage de esta tierra, cuyas tres provincias y sus capitales tengo la suerte de conocer a través de sus paisajes y su gastronomía, únicas.

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