miércoles, 18 de marzo de 2026

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 Sigue la sangría. Empecinados en no dejar títere con cabeza, en dejar huerfanas las poltronas de poder, sin importarles lo que se lleven por delante. La brutalidad que viene en los libros y que se asocia al medievo, es portada día tras día. No deja de ser fascinante cómo cuanto más evoluciona el ser humano, sigue intacta la habilidad para destruir con crueldad.

  Pornografía de bombas y sangre, que no escandaliza en las imágenes, con ese puritanismo que sólo ve pecados en la carne pero no en la destrucción, retratada en fotografías y videos, sin pudor alguno. Se hace bola hacer cualquier ingesta delante de un informativo, es horroroso.

 Para colmo, encima juegan con la información, con la vida y la muerte; ponen en duda si viven o no los tiranos protagonistas de esta tragedia putrefacta, quien sabe si no usarán la IA para impostar imágenes que no se correspondan con la realidad; cuenta mantener viva la iniciativa del relato, para ganar la batalla de la credibilidad antes una audiencia perdida e incapaz de asimilar lo que se les proyecta, de discernir qué es verdad y qué no.

 Es la era de las identidades robadas, en la que cada vez somos menos humanos y más un avatar; llegará el día en que la entidad cibernética tenga más valor que la de carne y hueso, si es que no ha llegado ese día ya.

  

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