Hay cuestiones que no por estar muy trilladas dejan de llamar la atención.
El mundo nazi y todas sus implicaciones, sigue siendo un imán que atrae y atraerá a generaciones de personas, intrigadas por todo lo que sucedio en Alemania desde 1933 a 1945.
Sin duda unos de los principales objetos de reclamo es tratar de entender qué pasaba por la cabeza de los gerifaltes del Tercer Reich para hacer lo que hicieron.
De eso trata esta última aproximación en forma de película dirigida por James Vanderbildt y protagonizada por los oscarizados Russell Crowe y Rami Malek, ambientada en el Proceso de Nuremberg, proceso que durante un año, entre noviembre de 1945 y octubre de 1946, juzgó a veinticuatro altos cargos del régimen instaurado por Hitler. Juicio organizado por las potencias aliadas que fue en puridad un proceso histórico a todo un régimen politico y militar, desencadenante de la II Guerra Mundial.
Basada en la novela El nazi y el psiquiatra del escritor estadounidense de ascendencia judía, Jack El- Hai, cuenta la historia del psiquiatra castrense, Douglas Kelly, que formó parte del equipo de médicos que tenían por objetivo evaluar la salud mental de los acusados, así como si estaban aptos para poder ser juzgados.
Ochos meses de evaluación siguiendo diferentes técnicas psiquiátricas para determinar que la cordura de aquellos altos mandos era similar a la de cualquier persona normal. De entre los reos, destaca de manera singular la personalidad de Hermann Goering de quien el propio psiquiatra destacó: era encantador cuando decidía serlo; tenía una inteligencia excelente, gran imaginación, mucha energía y sentido del humor.
Como si de un encantador de serpientes se tratase, Goering entabla un vínculo intenso con su evaluador médico, que transciende las parades de la celda en que está recluido, de facto número dos del régimen nacional-socialista, a juzgar por su acumulación de cargos y distinciones: Ministro del Aire y Comandante en Jefe de la Luftwaffe, Mariscal del Reich (Reichsmarschall), Presidente del Reichstag y sucesor oficial, designado por Hitler desde 1938.
Kelly llega a conocer a la familia de Goering, hace de mensajero entre madre e hija y el prisionero, le entrega cartas y recibe el ofrecimiento por parte de la madre de adoptar a la hija en caso de que falleciesen ambos progenitores, hecho que no aconteció; tras ser detenidas fueron puestos en libertad y Edda, vivió en Munich hasta 2018, de manera anónima sin renegar nunca del legado de su padre, que ganó la partida a sus captores suicidándose con una cápsula de cianuro, antes de ser conducido al patíbulo para ser ahorcado, tras su condena a muerte.
La cinta de Vanderbildt, estrenada hace apenas un año, sin gran predicamento en taquilla y sin reconocimientos en forma de premios, pese a la soberbia interpretación por parte de Crowe en el papel del Mariscal, aborda pues este hecho tan significativo de la historia desde una perspectiva tan obvia como poco conocida, la de hacerse cargo que detrás del perfil psicológico de estos criminales de guerra había personas corrientes. Inquientante y perturbador.

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