domingo, 21 de junio de 2026

Diez años

 Pasa el tiempo; el próximo martes se cumplirán diez años del referéndum convocado por el Gobierno británico encabezado por David Cameron que preguntó a los súbditos de las islas si deseaban mantenerse o no en el seno de la Unión Europea.

 Con un exiguo 51,9% de los sufragios a favor, se hizo efectiva la desconexión; llegó entonces el momento de negociar las condiciones del divorcio, con cuestiones peliagudas que debatir como el estado de la frontera entre las dos Irlandas, el status de los territorios de ultramar en terminos económicos y arancelarios o aplacar la indignación de los escoceses, que dando en un referendum previo el visto bueno a seguir formando parte del Reino Unido, apenas dos años más tarde se vieron fuera de una Europa que siempre han defendido con denuedo.

 La historia es a veces caprichosa y pone nuestro destino en manos de personas que siendo legítimas para el desempeño, no son especialmente dechadas en su desarrollo; la separación fue definida y consolidada bajo los mandatos de Theresa May y Boris Johnson, periodista y antiguo Alcalde de Londres.  

 Muchas cosas pudieron hacerse de otro modo, con la perspectiva que da verlo todo pasado siempre es fácil determinar esto, pero las presiones políticas de entonces convirtieron las negociaciones en un galimatías laberíntico de consecuencias imprevisibles que hubiera salido mejor parado con líderes reales, hechos de otra estopa, con visión estructural, algo de lo que adolece el mundo actual, cortoplacista y abonado al aquí y ahora, a la mentalidad del usar y tirar.

 Pero el tiempo político parece estar perennemente descompasado con la oportunidad de los mandatarios en ejercicio, la mayor parte de las veces estamos abocados a escribir el futuro con renglones torcidos, por culpa de no tener a los mejores en los peores momentos.  

 Hoy la colaboración de UK con Europa es intensa por razones estratégicas, bélicas, ( posición ante la invasión de Ucrania), humanitarias, ( el drama de la emigración, que ha convertido el paso de Calais y el Eurotunel en puntos candentes de un flujo de personas que no se queda en el continente) y económicas, convertidos en socios obligados que han de hacer frente a los empellones del sátrapa que habita en la Casa Blanca. Si hace diez años la gente hubiera imaginado una implicación tan intensa entre las dos partes tal vez se hubiese replanteado el voto.

 La percepción de muchos es que la separación no ha traido nada bueno para las dos partes, pese a la paradoja de que los principales impulsores de la ruptura encabezan las encuestas de opinión a día de hoy, jaleados por la ola reaccionaria que impele a muchos a votar por candidatos que desarrollan poco sus disertaciones, haciendo inciso en la parte emocional para convecer a los votantes, con discursos demagogos y populistas que antes se hubieran ubicado en el otro lado del arco ideológico. El calentón pasará pero no lo hará sin dejar girones. 

 Hay aniversarios que son tan efeméride como tantos otros, pero que pasaran por ser un recuerdo de poca celebración y mucha nostalgia. Este es uno de ellos. El Brexit cumple diez años.  

  

  

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