Intensidad. En todo. Extremos, excesos, sobreactuaciones. Victimismo, infantilismo.
En lo profesional, en lo personal, en lo familiar.
En lo político.
Esta tendencia a magnificarlo todo, a llevar las cosas a puntos de tensión tendrá que desinflarse alguna vez. Porque siempre escampa, aunque parezca que nunca ese momento llega. Ganas de transitar por el perihelio de las emociones, de tener paz y sosiego, de ver las cosas desde otro prisma, sin la presión y el estrés de ahora, engrandecido y exagerado por tantas cosas, siempre por los mismos medios.
Tener mucho a veces empobrece. Curiosamente estar mejor informado que nunca, lejos de invitar a la templanza, conduce al histrionismo. En este constante proceso de aprendizaje en el que vivimos, tendremos que aprender a gestionar esto, la información , su impacto y sus consecuencias, especialmente esto último.
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