Día inusualmente tranquilo en el cercanías, encuentro sitio para sentarme y leer cómodamente en mi trayecto hacia Sol. En la para de San Cristobal Industrial, hacemos un alto más extenso de lo previsto; después de un tiempo de silencio, se activa el servicio de megafonía en el convoy y nos habla en conductor:
- Por razón del paso de un mercante, nos mantendremos parados hasta que nos den autorización para continuar con la marcha.
Levanto la vista de mi libro y me quedo pensado. Ha utilizado la palabra mercante; imagino que se refiere a los trenes de mercancías con los que habitualmente nos cruzamos los de pasajeros, que pasan a toda pastilla por los apeaderos donde esperamos la llegada de nuestro tren; cuando lo hacen miramos los que estamos en el andén pasar la comitiva, maravillados por la fuerza que una simple locomotora tiene para arrastrar vagones que habitualmente transportan coches, contenedores u otras cosas; sería lo ideal que no tuvieran que usar las mismas vías que el transporte de personas, pero duplicar las instalaciones tendría un sobrecoste dificilmente asumible, al menos en el corto plazo.
La parada es más corta de lo previsto y continuamos la marcha; vuelvo a mi libro mientras sigo pensando en la palabra que en la jerga ferroviaria usan los maquinistas para distinguir unos trenes de otros; ahora ya se que hay mercantes que transitan por tierra, además de por los mares, de donde es propio el término.
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