miércoles, 24 de junio de 2026

En remojo

 En remojo, como las lentejas, todas las tardes, para apaciguar el calor infernal después del día de faena,

 Agotado pero con regocijo, con buenas noticias de la familia, que de cuando en cuando celebran hitos frutos del esfuerzo y del sacrificio. En esas estoy cuando me zambullo.  

  Me pongo en un lateral de la piscina, con el agua al cuello, que es una bendición, no una encrucijada. Escucho pero no oigo los gritos de los críos mientras chapotean;  son difusos y parecen lejanos, como si los profiriesen a larga distancia; sigo en mi mundo pero con refresco corporal. Cuando sumerjo la cabeza, la sensanción de ausencia se acrecienta, cierro los ojos; no veo, no oigo. Qué paz.

 Lo bueno si breve... Salgo del agua y la brisa que antes parecía fuego ahora me da frescor, casi frío, me envuelvo en la toalla para terminar la ablución. Recojo mis cosas y subo a casa, nuevo, como si me hubiera metido en un spa, con la cabeza que durante unos minutos, sigue en blanco, sin cavilaciones que la atraviesen, en conformidad con el estado del resto del cuerpo, de relajación total.

 Son los momentos mas dulces el día, el primero y el último, el de salir a la calle temprano, con ese aroma de la mañana que denota falta de calcinación, algo de lo que adolece el resto del día y el de la tarde, con el baño reconfortante y reparador, la guinda perfecta con la que sellar otra jornada más.  

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