La Fiscalía de Milán abrió el año pasado la veda, de caza y captura de los cazadores asesinos de personas, que a mediados de los años noventa, protagonizaron batidas furtivas de personas, safaris humanos, en las inmediaciones de la sitiada y en guerra ciudad de Sarajevo.
Varios son los investigados en una causa que ha trascendido las fronteras italianas y ya tiene abiertos procesos en Bélgica y Austria. Personas con simpatías por grupos paramilitares y emprendores de altísimo poder adquisitivo, aficionados todos ellos a la actividad cinegética, que buscaban de esa manera, matar el tedio y conseguir dosis altas de adrelalina; para ello nada mejor que una Bosnia en guerra, escenario en el que poder disimular sus crímenes con efectos propios de un conflicto bélico.
Es tan sumammente retorcido, respulsivo y miserable, que cuesta trabajo creer que se hayan organizado estas monterías humanas, para el esparcimiento de seres sin alma.
Parece dificil por no decir poco probable que la justicia consiga sentar en el banquillo a los culpables. ¿En que categoría entrarían estas prácticas, podrían ser compatibles con crímenes de guerra, despues de treinta años, habrían prescrito, hay jurisprudencia al respecto? Sin duda desde un punto de vista jurídico y legal, el tema se plantea complejo y de dificil recorrido.
Para estar pendientes de cómo evoluciona esto, de qué cobertura le dan los medios y de poner cara a estos asesinos sin conciencia, si llegara el caso. El grado de degradación de la condición humana, baja escalones en casos como este, que ponen de nuevo en evidencia lo poco que vale vida humana, por muchos esfuerzos que se hagan en protegerla.
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