jueves, 5 de febrero de 2026

Soledad

 Ella es actriz, él un conocido político devaluado, que ahora vive un momento de horas bajas, en completo fuera de juego, por razones diversas .

 Ella es la denunciante, él, el denunciado, acusado de presunto delito de abuso sexual.

 Meses de instrucción de un caso en los tribunales, que ahora entra en una fase imprevista e incierta, al retirar ella la denuncia. ¿El motivo?, aclara que lo hace por razones de exposición pública, excesiva, y de salud mental. En ningún caso se retracta. 

  Muchas veces me he preguntado por qué muchas mujeres tardan tanto en denunciar situaciones de este tipo; la respuesta viene dada por circunstancias como las aquí planteadas: al dolor del abuso viene el de la indefensión ante el mercadeo mediático, que zarandea y en ocasiones, convierte a la víctima en culpable. Ese es el daño que producen los juicios pararelos que pueden hundir una existencia ya de por si marcada por una situación íntima, no consentida.

 Ese es el daño de la soledad. 

 Si el juez la ha aceptado a trámite por la existencia de indicios significativos, la causa debería seguir adelante, aún sin que la denuncia registrada, se mantenga en pie. Se trata de hacer justicia. Ni más ni menos.

 Mientras tanto, algo debería de cambiar en el sistema de recogida de denuncias, en aquellas que pasan el filtro de comprobación y que eliminan de la ecuación los libelos o causas promovidos por falsedades; proteger a la víctima es siempre una necesidad, el camino más corto para no amplificar la injusticia.

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