Hacer de la necesidad, virtud, es uno de mis dichos favoritos; dicen que tiene raíz de filosofía estoica, que enseña a aceptar lo que resulta inevitable para así transformarlo en una ventaja.
Es lo primero que me viene a la cabeza conociendo los primeros documentos que se estan divulgando de todo lo desclasificado de la intentona del golpe de Estado del año 1981.
Los que han pergeñado esta iniciativa, por razones políticas y electorales, en este momento y no en otro, para tratar de reconducir el debate público, de orientar las condiciones de un relato que se les escapa, muy probablemente están haciendo, sin quererlo, un gran favor a una figura cuya popularidad y aceptación han bajado ostensiblemente.
Esa no es otra que la de la Corona, encarnada en Juan Carlos I, que encontrará con lo que se publique estos días un bálsamo protector que ayudará a reconducir los niveles de aceptación del Jefe de Estado, siendo el principal beneficiario de ello el que ocupa actualmente el cargo, Felipe VI.
La asonada militar buscaba restituir el viejo régimen y para ello debía eliminar el principal obstáculo en ese camino, encarnado en la efigie del Rey. Su resistencia y pulso firme en defensa de las garantías constitucionales y del Estado de Derecho, en un momento muy difícil, allanó el camino para permitir al país seguir la vía de la apertura económica, política, social e internacional.
Recordará la historia a la administración Sánchez por estos dos hitos: exhumar al dictador de su atalaya impostada en Cuelgamuros y por desclasificar unos documentos que no sólo no van a a aportar mucho más de lo que ya se sabía, sino que van a facilitar la vuelta del rey emérito desde su exilio en Oriente Medio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario